Algoritmo de conquista

Algoritmo de conquista

“El transeúnte y la desconocida que intercambian una mirada al rozarse en la calle, (…) todos ellos resultan guiados por el mismo instinto, todos obedecen al mismo impulso misterioso…”.
-Arthur Schopenhauer-

Me creí lo que muestran las series de televisión y el cine: un extraño le ofrece un trago a una desconocida con una mirada seductora, o le ayuda a recoger las cosas que accidentalmente ella ha botado acariciándole tiernamente su mano al hacerlo, y la historia de amor apenas comienza.
Me animé entonces a hablarle a aquella vecina que de vez en cuando la veía en la calle. Si en las películas sucedía, en la vida real también funcionaría:
-Hola… Soy Darío… ¿Cómo te llamas?
-Pepita…
-Y… ¿Cómo estás?
-Bien, gracias…
-Oye, quería saber si podíamos salir algún día…
-Ehm… bueno…
-¿El domingo, te parece?
-OK, chao.
-Chao

¡No fijé una hora específica, no le pedí el número de teléfono, no le pedí un correo electrónico, no sabía si vivía en esa casa o en la siguiente, no le pregunté por su apellido…! No sabía nada de ella… ni ella de mí… Bueno, después habrá tiempo para los detalles, pensé.
Llegué a su casa, y luego de un saludo robotizado fuimos a comer algo. Caminamos en silencio, y una cuadra después comenzó la preguntadera… ¡No tuve otra alternativa que hacerlo así! Por la calle no pasaba un perro con dos colas o un carro volador o un señor caminando con las manos como para empezar una conversación improvisada.
¿Cuál es tu nombre completo? ¿Qué estudias? ¿Con quién vives? ¿Tienes mascota? ¿Qué signo eres? ¿Qué música te gusta?… Y muchas más respuestas concretas salían de su boca, y sólo algunas eran devueltas para que yo las contestara con la misma franqueza.

¡Qué primera cita tan extraña, tan ñoña, tan de película (no romántica sino de humor)! Dos personas totalmente anónimas resumiendo su vida en una encuesta del DANE.
Uno conoce a alguien a través de un amigo que lo presenta en la universidad, o participando en eventos sociales que requieran mayor interacción que la indiferencia de una iglesia o un concierto, por ejemplo. De lo contrario, con tanta desconfianza que hemos generado ante cualquier persona, lamentablemente no es posible establecer alguna relación con ese desconocido que nos rodea.

¿Con qué sueñas?, ¿qué libro estás leyendo?, ¿cuál fue la última película que viste?, ¿a dónde te gustaría viajar?, ¿y después de la universidad?, etcétera, etcétera y etcétera. Cada respuesta confirmaba que sí, que ella era la persona que estaba buscando, que se ganaba todos los puntos del Sabelotodo que estábamos jugando, no había duda… o faltaba una más… ¿Tienes novio?
Y ella siguió hablando de lo mucho que lo quería hace años, y de los planes que tenían juntos, y lo maravilloso que era para su familia, y bla, bla, bla… Fin del cuestionario amoroso.
Definitivamente la escena donde la actriz es soltera y el protagonista es el amor que ella esperaba, sólo se ve en las películas. En la vida real, lo primero que hay que preguntarle a quien nos gusta es si tiene o no pareja estable, amante escondido o cónyuge fiel antes de empezar a ilusionarnos. Esa respuesta define si continuamos o no con el resto de la entrevista.
¡Quién me manda a subirme al caballo sin ensillarlo! Decepcionante…

Bocadillo
Cada respuesta confirmaba que sí, que ella era la persona que estaba buscando, no había duda…

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