Aquella Modelito

Aquella Modelito

Foto tomada de la web: Modelos Victoria Secret

Y entonces la vi. Yo estaba muy ebrio, pero como pude la reconocí. No había duda. Meses atrás mientras estaba trabajando como camarógrafo en un desfile de modas, una modelito me había dejado flechado. Nunca creí que volvería a ver a aquella delicia, pero ahora estaba parada a 20 metros de mi carro, hablando por celular frente al bar “O”. Era alta, con el pelo vino tinto teñido, de piernas largas y senos redondos, deliciosos. Con hombros llamativos y un cuerpo delgado provocador. Aunque su cara no era muy linda, me excitaba esa grande boca de piraña, y unos ojos saltones que expedían ternura. Era toda una “hot sweet candy mama”. Como pude abrí la puerta del carro, le dije a mis amigos que me esperaran, y caminé hacia ella, tratando de no tambalearme. Normalmente soy muy tímido para presentarme a las mujeres, pero el guaro esta vez me iba a ayudar. A medida que me acercaba me preguntaba qué diablos le diría. De repente la niña me sonrió y alzó la mano. ¡Dios existía! Ella me estaba haciendo eso a mí, ¿por qué diablos a mí? Decidí seguirle el juego.

 

– Hola – me dijo con voz melodiosa, mientras guardaba su celular.

 

– Háblame, soy Daniel Vivas – Si yo sé – . Me respondió. ¿Por qué sabía mi nombre? Preferí seguir.

– ¿Voz cómo es que te llamas? Le pregunté haciéndome el guevón. – María Alejandra. – Ah sí, sí, es que yo te vi un día en un desfile y ….

– ¿Ve, como les terminó de ir ayer en OM? – me interrumpió. En ese momento un frío me recorrió el cuerpo. La pregunta me había hasta quitado la borrachera. Yo nunca había ido a ese sitio, con quién putas me estaría confundiendo. Riéndome y tratando de no hacer visibles mis nervios le respondí: -Yo ayer no estuve en OM.

 

-¿Qué?- Me preguntó sorprendida. – ¿Cómo así, vos no sos de los gays que me presentaron ayer? Ahí quise desaparecer, mi sonrisa se desdibujo y ella lo notó. Ahora me miraba con compasión. Mínimo creía que yo era un peluquero con las que andan las de su medio. El impacto había sido fuerte, decirme a mi gay, el adjetivo con el que menos quisiera estar relacionado.

 

– Noooo cómo se te ocurre a mí me gustan las mujeres, me fascinan, es más, vos me gustas. Ella retrocedió. Mi revelación la había perturbado. La había cagado. Cómo le iba a decir que me gustaba. Ahora me miraba como si yo fuera un asesino serial, un enfermo.

 

– ¿Entonces quién sos vos?, no chao, suerte. La vergüenza de inmediato me invadió. Me sentí como un imbécil, perdedor, el último de los desgraciados. Así que tomé aire, pensé en que a cualquiera le podía pasar y tratando de no verme afectado le agarré el brazo, le dije que fresca, le conté donde estudiaba, quién era yo (recalcando mi preferencia sexual), sobre el día que la había visto en un desfile y mi deseo de conocerla. Un poco más tranquila, aunque con risa nerviosa, me pidió disculpas y me dio su celular. Como pude lo anoté. – Bueno ahora si chao y ojo que está borracho – Fue lo último que me dijo aquel ángel con toques pornográficos, al marcharse hacia sus amigas. Al otro día me levanté contento a revisar mi celular, y cuál sería mi sorpresa al darme cuenta que debido a mi azar y prenda, no anoté ningún número. ¿Podía existir alguien más imbécil? No lo creo. Traté de olvidar el estúpido incidente, pero meses después me volví a encontrar a la modelito en una discoteca. Me reconoció y se comenzó a reír. Cuando la saludé, le conté lo que me había pasado y le pedí de nuevo su número. Esta vez me echó una mentira, diciéndome que no tenía celular. Me despedí, a lo lejos pude ver cómo se encontraba con los brazos de un tipo con pinta de rapero. De nuevo la vida era una mierda.

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