¡Ay caramba!

¡Ay caramba!

Ilustración por: Diana Delgado - EL CLAVO

Me gustó mucho la definición de fanático que me dio un amigo: “cuando uno es fanático de algo, hay un cambio en el estilo de vida para estar más cerca de su objeto de deseo y admiración”. ¿Pero no se puede considerar que hay un fanatismo masivo, cuando ese objeto de deseo y admiración cambia nuestro estilo de vida porque se inserta dentro de nuestro día a día?… Sin más vueltas, no conozco persona que no se acuerde de alguna frase, escena, personaje o momento de Los Simpsons. Siempre vienen a nuestra mente y a penas uno dice la frase, los demás sueltan una carcajada que hace que otro recuerde una frase más y puede estar uno hablando de ellos por horas.

Siempre rondará el “¡Ay Caramba!” de Bart o “Ouch” (D’oh) de Homero. A mi mamá mis amigos la comparan con Marge preparando una fiesta para sus vecinos donde dice: “hay tiempo para otra capa de glaseado”… ¡Así es ella en la cocina! Otro ejemplo es cuando salimos de fiesta, de esas que uno pierde el control y no recuerda nada al día siguiente, siempre pensamos en aquella escena cuando Homero está de parranda y después de la juerga,  destruye la escuela, Lisa le pregunta dónde estuvo y sale una pequeña película blanco y negro con varias “escenas perdidas”.

Me encanta cómo después de 20 años, hasta las mínimas frases permanecen. Puede que no todos seamos fanáticos de Los Simpsons, de aquellos que tienen camisetas, DVDs con todas las temporadas, afiches y no se pierden ni un solo capítulo, pero creo que es más poderoso cuando se vuelve parte de tus charlas, de tus pensamientos diarios y te saca una sonrisa. Ahí es cuando en el fondo uno es fan, cuando en la vida cotidiana vienen a ti imágenes de Homero babeando y pensando en donas.

¿Por qué se da el fenómeno Simpsons? Escuchaba a Matt Groening en una entrevista hablar sobre cómo los creó y cuenta que se basó en su familia: papá, mamá y hermanos. Creo yo que el éxito está en que en cada personaje se puede ver algo de uno mismo y de quienes nos rodean. Todos tenemos algo de Homero, un poco tontos, pero con buen corazón. Y tenemos los mismos deseos de Bart: ¡ser irreverentes y bajarnos los pantalones para mostrar el trasero! También tenemos parientes que poco deseamos ver, como la tía Patty y la tía Selma, así como Skinner de alguna manera nos recuerda a alguien en el colegio, ahora pienso que tiene mucho de mi coordinadora de disciplina.

Cuando uno ve televisión de alguna manera busca lo cotidiano, lo de su vida, pero con algo más de sabor y picante. Springfield podría ser Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga o cualquier otra ciudad del mundo, pero yo tengo mi propio Moe’s para ir con mis amigos, la tienda de comics es para mí una tienda de discos donde ya me conocen y el lugar de trabajo jamás será tan divertido como la planta nuclear. Creo que si sigo así, este artículo sería de nunca acabar.

La fidelidad a Los Simpsons tiene que ver más con que nuestra mente jamás los deja de lado. Siempre los sábados serán mejores cuando uno llega de trabajar a medio día y ve Los Simpsons en el canal nacional, o entre semana en la televisión por cable. A la larga, eso es más halagador que la compra de cuanto muñequito salga al mercado, aunque debo admitir que tengo un cassette de Los Simpsons, un libro que me regaló una amiga y a mi hermano le regalé la Guía para la vida de Bart Simpson. Yo quisiera tener la capacidad de escribir algo así de memorable para todo el planeta. Pero por ahora, me conformo con reírme con cada paliza que le dan a Homero, siempre teniendo en cuenta que hay algo de mí en él y de él en mí.

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