Bus al Sur

Bus al Sur

Entrar a Ecuador es menos problemático de lo que quieren mostrarnos algunos medios sensacionalistas, a pesar de las relaciones diplomáticas “emproblemadas” que tenemos con ellos. El trámite de migración es breve, sobre todo, si no se tienen antecedentes penales que aparezcan en el sistema del DAS. Lo que se obtiene es una Tarjeta Andina que da acceso al cono sur por tres meses.

Foto por: Mauricio Trujillo

Vale la pena, antes de llegar a Argentina o Brasil,  pasar por este país, que es una puerta bien abierta y tiene casi la misma biodiversidad que Colombia, salvo por el Atlántico.
Fácilmente se puede conocer la amazonía, el paisaje Andino y el Pacífico en una misma semana, con mucho menos tiempo y dinero de lo que se gastaría en Colombia. Aquí les va un mapa bien sencillo, pa’ que vayan alistando las mochilas.
La oferta de transportes es bastante diversa pa’ llegar a Ipiales (la frontera) como a su merced le venga en gana. Varias empresas, sobre todo nariñenses, prestan el servicio. Ya en Tulcán, Ecuador, su merced puede tomar un bus que lo lleva en 6 horas a Quito. Pero si su madrecita (o cualquier fémina o mancito), le han encargado artesanías, bájese en Otavalo, que está como a mitad de camino. Se puede dar un borondo por el paisaje Andino y comprar cuero en Cotacachi.
¿Ya llegó a Quito? Se le tiene el hostal en la Plaza Alquinde, o en “la Fosch” como prefieren llamarla los quiteños. Caminar por el norte de Quito es enormemente placentero, sobre todo de noche cuando casi nunca falta la niebla, que da un aspecto como de paisaje londinense (¡para un relato policial!); se encuentra uno con viajeros de toda Latinoamérica y Europa, de todas las tribus y edades.
Después, aguanta rumbearse La Fosch; hay “farrrra” para todos: salsera, cross over; bares rock (a lo Liverpool o bien heavy); jazz & blues, alternos, de drag Queens… Me los rumbié todos y descubrí que la cultura musical de los ecuatorianos no es sólo de aires andinos que son, sin embargo, tan omnipresentes como la niebla. Hay rumbas en honor al santo de la parroquia en las que el “prioste” (¿patrocinador?) reparte canelazos para el frío y pa’ prenderse a bailar San Juanito; la rumba toma entonces un aire sagrado que deleitaría a cualquier antropólogo, al igual que el “Inti Reymi”.
Con un buen “chuchaqui” (guayabo) se le recomienda darse la pela con los buses articulados: el “Trole Bus” entra al Centro histórico y sigue hacia el surich (sur), que es el Quito más “popular”. Al Centro hay que caminárselo con cámara y ojo avizor pa’ no perderse la alucinante arquitectura (neoclásica, barroca, gótica…) y pillarse algún evento cultural: “de ley” hay que darse una vuelta por la plaza del Teatro Sucre, donde estos ojitos vieron a los Aterciopelados lanzando el disco más reciente.
¿Se cansó de la ciudad? Llegue al terminal, que ahí puede coger la Ruta del Sol y bajarse en cualquier playa. Se recomienda Puerto López pa’ viajar cada día un lugar distinto (Montañita, pa’ la rumba; Puerto Cayo pa’ bucear e, incluso, la costa peruana). Te encontrás con una bahía de pescadores que te ofrece exquisitos mariscos a precio de corrientazo. La noche es de cantinas y borrachos dando tumbos por una playa inmensa que termina en un paisaje lunar, al que llegan saltimbanquis, de cuando en cuando. Muy cerca hay un paisaje marino al que llaman la pequeña Galápagos: acantilados que se repiten a lo largo de la costa; hay cabañas en “Las tunas” (a 10 minutos) como pa’ quedarse con la pareja: playas solas, hamacas, puestas de sol…
Les quedo debiendo la Amazonía, los nevados, las ciudades de Cuenca y Guayaquil, el yaguar locro… pero aquí me les bajo del bus. Preguntando se llega a Roma. Después no digan que no se les advirtió.

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