Buscando al villano

Villano, en la vigésima segunda edicición del diccionario de la academia define la actitud ruin o descortés de algún sujeto o sujeta que, a fuerza de sus intereses, realiza acciones reprochables por todos, cada vez que éstas vayan en contravía del interés colectivo. De su raíz nace villanía, que define además de esta actitud, una condición de este sujeto resultado de su nacimiento que lo lleva a convertirse en alguien ruin ó a realizar algunas cosillas calificadas de indecorosas.

Pero veamos. En Colombia villano es considerado aquel que sin ningún tapujo jalona la cartera de la señora que anda sola por la calle, de la jovencita delicada que deambula con sus amiguitas desprevenidas o del señor que so pena de su artrosis, apenas logra correr una cuadra para recuperar su bien perdido. Villano también es el taxista que a fuerza de la ignorancia del pasajero, le cobra un poquito más, “porque esto se está fuera del perímetro urbano”. Una actitud indecorosa, si tenemos en cuenta que el bolsillo de los colombianos a duras penas da para pagar un taxi dos veces por semana.

Otro tipo de villano podemos encontrar con una radiografía que no se extienden a los secretos. Villanos, los sujetos que se alimentan de los sueños de muchachos que a fuerza de no encontrar futuro, ni de quién se los ayude a trazar, caen en las garras de una actitud ruin, para entrar en el círculo de los flojos quienes no sólo trafican con elementos ancestrales como la coca, el primer energetizante natural de nuestra región, sino además de sus sentimientos, sueños y deseos de salir de un origen pobre, o bajo, según el mismo diccionario, para caer en el estado de la villanía.

En los tiempos modernos sin embargo, como en todo, hasta el lenguaje está sujeto a cambios y la villanía, o el villano aplicada a quién ejecuta la acción, no sólo corresponde al estado o lo bajo de su condición al nacer. Es decir, si aquellos que por destino de sus familias, nacieron en barrios de estratos bajos son considerados villanos, es posible que encontremos otras definiciones para llegar a otras esferas menos evidentes donde la villanía se replantea.

Entonces es probable encontrar otra categoría de villanos: quienes venden cuerpos gloriosos aún en contra de la naturaleza humana condenada a desvanecerse con el tiempo. Villanos que venden y revenden necesidades que tal vez sin ellas, seríamos más felices. Villanos que contaminan el ambiente, que trafican con la salud, con los dineros públicos. Villanos que quizá no son bajos de nacimiento, pero que, a pesar de las necesidades, juegan de forma ruin con los intereses comunes.

Pero lo complicado de esta historia no es la existencia en todas partes del perfil del villano. En realidad, lo preocupante, es la dificultad para que en nuestra geografía podamos encontrar fácilmente a su antónimo, el héroe que rara vez nace y que nadie procura en buscar.

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