Crónica de unas muertes anunciadas

Crónica de unas muertes anunciadas

Al parecer a Evo Morales no le basta con tener un gobierno oficialista fuerte.

Después de los escalofriantes sucesos de Enero, Cochabamba (Bolivia)  se encuentra sumergida en un escenario de tensa calma. A un año de haber sido posesionado cómo presidente constitucional de Bolivia, Evo Morales  manifiesta su total inconformidad ante la incómoda presencia de Manfred Reyes Villa, Prefecto electo el pasado 2006.

Al parecer a Morales y su partido no le basta con ostentar un gobierno oficialista fuerte, mayoría en el congreso, en la asamblea constituyente, e incluso al interior del poder judicial del país. El objetivo es controlar todo espacio de poder institucional, y ahí es donde ciertas prefecturas se han convertido en bastiones de una significativa minoría que conforma este heterogéneo país.

Lo acontecido en Cochabamba se explica como una reacción, posiblemente esperada por altos mandos del gobierno, tratando de consolidar el maquiavélico principio de “divide y vencerás”. Esto resulta particularmente fácil en un país débil institucionalmente cómo Bolivia, donde grados inverosímiles de corrupción desgastaron el modelo neoliberal desencadenando el malestar de las masas, que mediante una férrea disciplina sindical y de fuertes medidas de presión lograron derribar gobierno tras gobierno en años anteriores, para, finalmente, consolidarse en el gobierno con una mayoría y legitimidad envidiables.

Ahora, con virtual dominio del poder institucional, el oficialismo sigue recurriendo a su extensión popular en las calles, queriendo lograr, a través de la intimidación, aquello que su evidente incapacidad de gestión no puede conseguir por los medios institucionales.

Ésta postura unilateralista del oficialismo le confiere características fascistas, que pone en calidad de enemigo a todos aquellos que no apoyan al gobierno ni piensan cómo él. Así se despertó el temor de una minoría significativa cómo ser la clase media, que otrora apoyo significó la aplastante victoria del MAS.

El error del prefecto fue querer llamar a un referendo departamental sobre autonomías, desconociendo el carácter vinculante del referendo pasado, donde se consulto sobre las autonomías a nivel nacional.

Esto fuere el detonante para que el gobierno hiciera uso de su extensión popular, e instruyera a sus bases para que se volcaran a la ciudad de Cochabamba exigiendo la renuncia del Prefecto.

Es así cómo el pasado 8 de Enero del flamante 2007, se iniciaron protestas encabezadas por la Central Obrera Departamental, COD, exigiendo la renuncia del Prefecto haciendo una vigilia en la Plaza Principal. Después de la negativa del prefecto ante tal demanda, el 9 de enero, las medidas de presión se radicalizaron en bloqueos, marchas y enfrentamientos con las fuerzas policiales. Degenerando en incendiar el palacio prefectural, quemando documentos de varias dependencias de la prefectura, ocasionando un perjuicio tremendo para el departamento. Ante dicho acontecimiento, el Comité Cívico convocó a una reunión pacífica de la ciudadanía en la Plaza de las Banderas a primeras horas de la tarde del día siguiente, con el fin de manifestar su inconformidad por la toma de la ciudad por parte del campesinado.

El 10 de Enero Cochabamba amaneció bloqueada y con una fuerte ocupación campesina en la plaza principal exigiendo la renuncia del Prefecto, quien por falta de garantías y en un afán de buscar apoyo se desplazó a la ciudad de La Paz para reunirse con los prefectos de los departamentos de La Paz, Tarija y Santa Cruz.

Mientras tanto, dirigentes sindicales habían instruido a sus bases para tomar la plaza de las Banderas, lugar escogido para la protesta pacífica. Con el fin de evitar enfrentamientos, se suspendió públicamente la convocatoria emitida día anterior. Ya en horas de la tarde el Comité Cívico de Cochabamba declaro un paro cívico indefinido.

Ya el 11 de Enero la paciencia de la ciudadanía había encontrado su límite. Tras varios días de inestabilidad social, la sociedad civil se organizó de forma espontánea para realizar una contra marcha, no tanto a favor del prefecto, sino en defensa de la institucionalidad y las normas constitucionales. Al fin y al cabo, Manfred Reyes Villa fue electo a través del voto popular.

Dicha organización se llevo a cabo desde horas de la mañana, y fue iniciativa de la agrupación “Jóvenes por la Democracia”, agrupación sin fines ni apoyo político. Fue una acción espontánea de un sector importante de la sociedad que se ve avasallado por el rodillo totalitarista de Morales, y que si se armó de palos, macanas y algunas armas de fuego en alguno sectores radicales, fue ante la amenaza de una turba, que ya anteriormente había tomado acciones violentas contra la prensa y el palacio prefectural. Fue la reacción de un sector que exige se reconozca su existencia, y se respete su derecho a seguir existiendo.

Es sabido que la violencia engendra más violencia, y siguiendo esta ecuación, la tarde del 11 de Enero Cochabamba se tiño una vez más de sangre. El trágico saldo fue dos muertos, uno de cada bando y más de 200 heridos de ambos lados.

Aún en la tarde del 11 de Enero, varios contingentes de cocaleros fueron movilizados en camiones desde la provincia Chapare para asistir al cabildo “popular” en la ciudad de Cochabamba para el día 12.

Dicho cabildo se caracterizó por los incendiarios discursos de dirigentes de la COD, que convocaban a las bases a armarse para tomar venganza, y continuar con las medidas de presión, hasta que el prefecto renuncie a su cargo.

Ya en horas de la tarde del 12 de Enero, Manfred Reyes Villa da el primer paso para un acercamiento, y se retracta de su pretensión de llamar a un referendo departamental. Algo que habría caído por su propio peso, si dejaban que los medios institucionales encontraran la imposibilidad legítima e inconstitucional de dicha acción dado el carácter vinculante del referéndum nacional pasado.

Todo parece indicar que la luz al final del túnel, que parecía ser el prometedor gobierno de Morales, se convierte en un tren que viene y quiere llevarse por delante a todos aquellos que estén en contra, o que simplemente no quieran apoyar las medidas oficialistas.

La tozudez de Morales no traerá nada bueno al país. Ya existen sendos proyectos para una ley de revocatoria del mandato, tanto en el congreso cómo en la Asamblea Constituyente. ¿Qué impide el accionar  legítimo del gobierno a través de su vasto poder constitucional, que lo llevan a recurrir a medidas antidemocráticas y por demás lascivas para el país?¿será a caso la influencia de un otrora terrorista radical y ahora vicepresidente cómo Alvaro García Linera?

Si bien la asamblea constituyente pretende re-fundar la carta magna del país, no olvidemos que aún esta vigente la anterior, que en su primer artículo nos declara cómo una república libre, democrática, heterogénea, pluriétnica y multicultural.

Al parecer el gobierno sufre una fisura entre lo que dice y lo que hace, algo que puede ser fácilmente atribuido al esguince de lenguaje que ocasiona un mandatario aymará que no habla su idioma, un presidente cocalero que no domina el quechua y atropella el español en cada locución presidencial.

Es hora de unificar, no sólo el lenguaje, sino las ideas y las fuerzas para trabajar por una Bolivia donde vivamos todos en paz.

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