El orgullo del pato

El orgullo del pato

¿Sentir remordimiento? Pato profesional que se respete no hace eso. El orgullo del pato es ser como es, “avispado”, “vivo”, “fresco”.

Montar en bus por $500 cuando el pasaje vale $1300. Tomar disimuladamente un jugo de la barra de almuerzos de la cafetería, bebérselo antes de llegar a la caja y pagar sólo la tarifa del almuerzo normal. Ir al supermercado, plantarse en donde dan muestras gratis de productos a comer choricitos, salchichitas, trozos de pan, pastelitos y demás bocadillos hasta hartarse. Salir a rumbear, pedir todo el trago que se le antoje e irse antes de la hora de pagar, dejando sólo $10000 (que cubren sólo la mitad de lo que se tomó). Esos son “los clásicos” del pato.

¿Sentir remordimiento? Pato profesional que se respete no hace eso. El orgullo del pato es ser como es, “avispado”, “vivo”, “fresco”. ¿Para qué hacer cola si conoce a “la amiga” de la caja que le pasa el tinto y el cigarrillo rapidito y hasta le fía? ¿Para qué pagar impuestos, si “esos políticos corruptos y ladrones” se van a quedar con toda la plata? ¿Para qué reunirse a hacer la tarea si sus compañeros la hacen solitos y después ponen su nombre en el trabajo? Que esperen otros, que paguen otros, que trabajen otros.

Ser pato tal vez haga parte de la esencia humana. Lo saben los economistas y los politólogos cuando hablan del free rider, esa persona que se beneficia de acciones colectivas sin mover un dedo. En general, todos somos patos en algún sentido, con un mayor o menor nivel de descaro. EL PATO, así con mayúscula, es aquel que ha llevado esa herencia evolutiva al mayor grado de desfachatez y se siente orgulloso de ello. Podría ser usted o yo, podría ser cualquiera a quien la tendencia a la comodidad y el ahorro de dinero le pese más que el cargo de conciencia.

El que es pato lo es por necesidad, por desconocimiento, por pereza, por indiferencia, por avaricia, pero también por orgullo. El orgullo del pato es un vicio que surge de la vida en sociedad. Es ese orgullo raro, ese orgullo que no es orgullo porque implica “hacer el oso” en muchos casos, pasar por “hambriento”, “colado” y hasta ladrón. Cuando el pato tenga un poco de dignidad, y deje de sentir “el orgullo del pato”, estará listo para pasar de patito feo a cisne y tener motivos para enorgullecerse de verdad.

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