El pato en las sombras

Muchos creen que el pato es un man que siempre lo es y lo será, que se lleva por dentro, y que el que es pato muere pato. No es una condición perpetua.

No se escuchan, son imperceptibles, sus huellas sólo se perciben cuando están al lado, cuando están encima de uno. Entonces, de pronto, estás en la mitad de un parche, rodeado de gente que no conoces, en un sitio que te rechaza. ¿Qué toca? Salir corriendo, pero no, “mucho pato”, “pobrecito que se sintió tan solo que le toco correr”. Entonces quedarse, pero te miran raro los que te miran; todo se cierra en ti; tienes una marca que todos reconocen: el pato te atrapó.

Muchos creen que el pato es un man que siempre lo es y lo será, que se lleva por dentro, y que el que es pato muere pato. No es una condición perpetua. El pato sale de unos cuerpos y se mete en otros, varia dependiendo de la situación, y no es necesario ser un perdedor para que lo ataque.

No hace falta ser odiado o despreciado para algún día en la vida convertirse en un pato. Todos alguna vez hemos estado en esa desesperante situación: estamos en una fiesta y de repente los amigos se han perdido y a uno ni la tierra se lo traga. Puede ser una fiesta, un compromiso social, una convención, una reunión laboral: el pato siempre te acecha, siempre te persigue, pilas que te atrapa.

Después de analizar varios encuentros ante esta tétrica figura hemos detectado las siguientes constantes: el pato ataca cuando estamos sin amigos, pero puede perfectamente cobijar a varios a la vez. Rodearse de unos cuantos no es suficiente, para enfrentarlo es necesario que tus amigos superen o por lo menos igualen en numero a los demás. El pato ataca preferiblemente en lugares que son desconocidos: nuevo salón, nuevo club, nuevo colegio, nuevo bar. Pero siempre va a llegar alguien más nuevo, así que se releva; al pato le gusta la sangre nueva.

El pato se aferra con saña a sus victimas. La cosa opera así: te ve, te huele desde las sombras, se acerca lentamente, no se escuchan sus patas, no se ven las huellas, llega lento, se siente la atmósfera quieta, hay dudas en el ambiente, y de repente cae sobre ti. Todos siguen hablando normal, no les cayó a ellos, el pato te cubre a ti. Entonces no hay muy buenas opciones: si intentas correr, “¡mucho pato!”, si te acercas a alguien intentando entablar conversación, “¡mucho pato!”, si te acercas a un círculo de conversación, “¡mucho pato!”, si te quedas, “¡mucho pato!”. Así que una vez te ataca, ya eres pato, lo único que puedes hacer es irte de ahí, no despedirte, no hacer escándalo, buscar la puerta y salir. Fresco, el pato se quedará allá buscando más víctimas.

Comments

comments