El Poder Real

El Poder Real

Conquistar al mundo con una peluca roja

ilustración por: Juan Sebastian Ariza

Desde pequeños hemos tenido la fantasía de tener súper poderes. Siendo niños podíamos volar, sacar fuego por los ojos o sencillamente teletransportarnos hasta donde nuestra imaginación lo permitiese. Pero a medida que vamos creciendo nuestros héroes cambian. En la adolescencia soñamos quizás con ser arquitectos famosos, fotógrafos intergalácticos o rockeros. Y más adelante empezamos a ver ese complejo mundo que de niños no entendíamos y ni nos preocupaba, cambiamos nuestra forma de pensar y ahí sí que necesitamos súper poderes para enfrentar lo que se nos viene encima.

Yo por lo menos en la infancia tenía unos antihéroes: a Pinky y Cerebro, que de una u otra forma representaban la paradójica y antagonista relación entre el DEBER SER y EL SER del mundo de la política, con su famosa frase: “¿Qué vamos a hacer esta noche, Cerebro?. Lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky: ¡tratar de conquistar al mundo!”. Y es que en política existen toda clase de Cerebros, desde los que quieren conquistar el mundo con margaritas hasta los que lo hacen con balitas. Pero también está ese Pinky que como borrego siempre está detrás de Cerebro –o en su defecto de la nalga de Cerebro- sin entender el porqué de las cosas.

En Colombia también existen algunos héroes y anti-héroes de la política criolla –por así llamarlos-. Están unos que con su caballito de batalla, poncho y sombrero, se van por el altiplano y las cordilleras vigilantes de la libertad y el orden. Otros que parecen la réplica de El Salón de la Justicia, que se disuelve por causas sobrenaturales convirtiéndose en “los tres tenores” vestidos de verde, que en mi opinión parecen la viva imagen de lo que deben ser los héroes políticos. Incluso veo el reflejo de El Profesor Súper O en uno de ellos, intentando con el poder de la educación y la cultura mostrarnos los valores democráticos de una sociedad culta y políticamente participativa.

Hay también algunos que creyéndose súper héroes conquistan el mundo con tejas, ladrillos, lechona o cualquier mercadito, pero que realmente intentan es conquistar “congresolandia” o la casa de Nari. Mundos éstos paralelos en los que vive la sociedad colombiana (y no lo digo por todos, sólo por algunos de estos antihéroes que resultarán refugiándose en “picotland” cuando todo resulte mal).

Otros que, creyéndose Robin Hood; salen a robar las arcas del Estado. Es la versión  colombiana del Robin en donde les roban a los pobres para darles a los ricos.

Es por todos estos antihéroes que al leer las noticias de estos mundos paralelos me siento como Alicia en el país de las maravillas,donde todo puede pasar. Es cuando empiezo a soñar con la  reencarnación de Fanny Mickey con su pelo rojo llenando el país de cultura, música, teatro e ingenio para lograr lo imposible, con un ejército de emprendedores con la imagen de Ronald McDonald, y se ingenian un Polifestival –y pues que también se convierta en Iberoamericano- donde dejemos a un lado tanto silencio, en donde quepamos todos, con nuestras diferencias pero con la igualdad de querer todos la misma meta: construir un país de verdad.

Y si se les antoja, pueden –todos los jóvenes del país- usar el súper poder que tienen escondido: se llama el VOTO (así sea para votar todos en blanco), porque yo pagaría por ver la cara estirada del club de los ricos y poderosos viendo cómo la juventud cambia la arena política del país.

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