Jugué a la ballena azul y sobreviví

La curiosidad me ganó a finales del año 2013, decidí jugarlo, pues nunca le vi problema, sonaba como algo “bacano”. Muchos pelados de otras partes comentaban su experiencia en foros como 4chan o Reddit y me animé.

Una tarde, cuando llegué del colegio, estaba solo en mi casa y busqué por Facebook “La Ballena Azul”, me aparecieron pocas páginas a las que les di like, pero no encontré nada similar a lo que se describía en los foros que había visitado previamente.

Recuerdo que a los tres días recibí un mensaje al Facebook de alguien llamado Blue Whale, la conversación comenzó con un “Hola Luchito, ¿cómo estás?”, se me hizo raro, pues Luchito solo me dice mi papá. Le resté importancia y comencé a hablar muchísimo con esa persona.

Me explicó que el juego consistía en retos, a los cuales les debía tomar una foto cuando los realizara. Al principio fue sencillo, me pidió que dañara mis cuadernos, que escribiera groserías en las paredes y que rompiera mi ropa, yo accedí.

El siguiente mensaje en Facebook fue ‘nivel 2’, aquí ya vi que la cosa se ponía negra, me mandó muchos enlaces de videos gore, me dijo “tienes que verlos todos a las 4:20 a.m.” Abrí los links, encontré un nuevo mundo a un clic de distancia; maltrato animal, ejecuciones, las cosas más horrendas que te imaginés estaban ahí.

Luego me volvió a contactar, pero esta vez fue intimidante. Me escribió que tenía mis datos, desde mi tarjeta de identidad hasta la cédula de mi papá. Me desconecté asustado e incrédulo, pues era imposible. A las dos horas recibí una llamada, una voz rara me dijo “Luchito esto es real”, me quedé frío, sin palabras.

Lo que siguió jamás lo olvidaré, me pidió que con una navaja escribiera en mi muslo las letras “TBW”, a lo que me negué, pero con intimidaciones, logró que lo hiciera. Corté superficialmente y mandé la foto. Blue Whale me dijo que para el último reto tenía que matarme. Me dio tanto miedo que cerré mi cuenta de Facebook y dejé de usar internet más de una semana.

Eso no bastó, las llamadas seguían entrando, voces horrendas me decían por teléfono que me tenía que matar, llegaron sobres a mi casa que decían “Luchito, conéctate, esto es real”, me jodieron la cabeza, ya no dormía, no comía, no quería salir de mi casa, me cagaron a tal nivel, que pensé en matarme.

No pude solo con esto y le conté a mi papá. Él vio la magnitud del problema y me mandó a la casa de una tía en Manizales. Cuatro años después puedo contar esto, me diagnosticaron sicosis, tomo Clonazepan y sigo con miedo de que me encuentren. A los padres les propongo que estén más pendientes de lo que hacen sus hijos, que conozcan a sus amigos, hasta a los virtuales, pues no se imaginan los peligros que están a un click de distancia.

Escrito por: Francesco Zucconi

Ilustración: Willington Giraldo

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