Mi profe era una vaga

Mi profe era una vaga

Foto: Johanna Gore - EL CLAVO

Pasaron todas las penurias desde ese momento crucial cuando mi madre con unas palabras mágicas dijo… “Juan levántese que le cogió la tarde ola”… Atravesando por la cordialidad del chofer del bus que susurró… “Pelao le faltan cien”… llego al colegio, no sé si perturbado, infeliz o confundido, el caso es que llego a iniciar un día que desde primeras horas ya presentía que iba a ser el más raro de mis once años de estudio. La primera hora tocó clases con Miriam, profesora de literatura que nos contaba todos los días sobre lo que había entendido a los profesores en la Univalle. Ese día particularmente nos iba a enseñar más o menos cómo estaban estructuradas algunas revistas en Colombia y cuáles de ellas nos iban a aportar en lo cultural, lo social y lo económico. Días  antes nos pidió que investigáramos algunas de diverso contenido, por mi parte había ensayado cuál iba a ser esa revista de la que iba hablar para impresionarla a ella… y no me refiero a mi profesora, no, me refiero a ella, a Dahiana, la nena que por años me había encantado pero que nunca le había dicho nada.

Me senté en mi pupitre y empecé a recordar cuáles revistas eran las que había elegido para discutir (cosa que no se me hacía fácil con las imágenes del chofer del bus, mi mamá y Dahiana más o menos en un flash back y flash forward entrelazados). En ese momento llegó Miriam mi profesora y entró preguntando, “bueno chicos, ¿cuáles son las revistas que investigaron?”. Esas palabras fueron como una aparición para mí, todo llegó a mi cabeza y al instante empecé a hablar. Me despaché con un inventario de todas las que culturalmente eran reconocidas y les hablé de sus puntos de vista sobre temas como el TLC analizando pros y contras, además, anexando mi punto de vista. El salón se quedó callado… yo me sentí como un Dios, no creía Dahiana, quien estaba pasmada e impresionada, que este señor tuviera tanta cultura.  Me sentí mejor que Uribe cuando rescataron a Ingrid… ¡que felicidad tan amarilla! Levanté la cabeza, y me di cuenta que había un problema, mi profesora me estaba mirando como un bicho raro, hasta con cierto miedo por todo lo que dijo este fenómeno de  la educación media básica. Hubo un silencio, y acto seguido por supuesto, mis compañeros incluida Dahiana se caaaaaaaa… bueno se rieron y mucho. Mientras la burla me consumía como la mecha de una vela, miraba a Miriam como preguntándole, “¡¿qué pasó?!… ¿qué no querías eso?”. Ella se sentó, agarró su bolso, y sacó una publicación. Era una revista muy popular y conocida pero por ser Sólo para Hombres, nunca creí que tenía algo muy profundo que aportar. En ese momento pensamos todos, claro era una revista con diverso contenido, más no una revista obligatoriamente intelectual…  y la abrió.  Pasó y pasó hojas, buscando afanosamente un artículo que por su prisa perecía le había marcado la vida, hasta que paró en un página y empezó a hablar. Nos contaba la biografía de una presentadora de farándula en televisión, que tenía muchas ganas de presentar noticias (político), que decía se había ganado la lotería con su novio (económico) y que manifestaba que Alberto Plaza era su cantante favorito (cultura).

Ahí yo no sabía si llorar o darle la razón, bueno lo que ella quería lo tenía  una conocida y popular revista, tal vez buscaba simpleza de parte de nosotros, pero al final fui yo solo el que me compliqué.
Nunca pasó nada con Dahiana, y todavía no sé si Miriam era una vaga o yo no la entendía.

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