Noche de Culpas

Noche de Culpas

A las 11:50 PM de un viernes, Hernán termina su jornada laboral del día. Es el director financiero de una multinacional reconocida de éste país. Mientras baja por el ascensor no deja de pensar en el informe económico poco alentador que le tocará exponer a la junta directiva.

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Foto por: Luis Gaviria - EL CLAVO

El rumor de un nuevo recorte de personal y la enfermedad de su madre lo coloca aun más nervioso. Enciende el auto y sale del parqueadero hacia el bar de siempre. A las 11:52 Felipe conduce sin rumbo fijo por las calles más concurridas de la ciudad. En el puesto de atrás, dos de sus amigos mueven la cabeza al ritmo de hard core mientras que su primo David repinta la “X” en su bate de béisbol.

Cada semáforo en rojo es una oportunidad para analizar el desfogue de la noche. Al parecer la oscuridad es perfecta para hacer lo que no se puede hacer de día. Trago, droga, sexo, las mismas tres putas en cada esquina. Faltando una cuadra para llegar al bar, Hernán se mira en el retrovisor y finge una sonrisa queriendo no reconocerse.

Claudia mira el reloj, son las 12:05 y no hay espacio para parquear por los alrededores del bar. Le toca estacionarse unas cuadras más adelante y bajarse del carro con la cartera a reventar, el vestido y los tacones en la mano. El cansancio por trabajar horas extras en la oficina no es un impedimento para realizar su aclamado show. Ya en el camerino y reflejada en el espejo lleno de luces, delinea sus ojos, recoge su cabello adornándolo con un clavel y se pinta sus labios.

“Supongo que soy igual que ellos pero tengo mejores cosas que hacer que andar por ahí como un muerto viviente”. Felipe baja el volumen de la música y busca un lugar para estacionarse. Ya todos saben que hacer, ya lo han hecho en un par de ocasiones y por ahora lo que queda es esperar y observar.

A las 2:00 AM Claudia sale del bar, y se dirige a donde estacionó su auto. Busca las llaves, se sube al carro y se mira al espejo pero es Hernán el que se ve reflejado. La sonrisa que traía del escenario se desvanece por completo cuando piensa en la muerte de su madre que se avecina y el verraco informe que le tocó maquillar. Son las 2:01 AM y Hernán todavía no ha encendido el auto, cuando observa por el retrovisor a David, que se le acerca con su bate de beisbol que nunca batió un home run. “La vida es dura y la guerra siempre llega… es cuestión de eliminar la vida de un culpable y pues éste parece tener mucho de culpa”.
A las 2:50 AM de un sábado, Hernán se le termina su jornada nocturna. Es el contador de una multinacional en bancarrota y mientras la sangre baja por su rostro, no deja de pensar en el informe que nunca presentará a la junta.

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