Platito de leche

Platito de leche

Platito de lechePensé que toda la noche te habías escapado. Que te habías volado por el hueco de la ventana rota, por donde sólo cabría tu cuerpecito. Que habías escalado por la canaleta, aferrándote con las uñas, y habías trepado al techo de la casa. Imaginé que tu oscuro perfil felino se había recortado de esa luna redonda y amarilla de anoche. Luna apropiada para que con el vaivén sensual de tu cola, atrajeras a esos machos ansiosos que mantienen escarbando las bolsas de basura.

Se me pusieron los pelos de punta cuando pensé que con dulces ronroneos les habías coqueteado a unos cuantos vagabundos, para después corretear al elegido por los sonoros tejados del vecindario. Sin embargo, esta madrugada te levantaste de tu cama, muy erguida como siempre. Tomaste bien caliente el café de la mañana. Luego te acercaste a mí, me acariciaste el lomo, y pusiste en el suelo el platito de leche con que siempre me alimentas. Bebí sólo la mitad, para castigarme, por malpensado. Y después, rápidamente, me volé por el hueco de la ventana. Cuando ibas a limpiarme con un trapo húmedo las suciedades que se me habían pegado, por andar escarbando, nocturnamente, las bolsas de basura.

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