¿POR QUÉ? ¡MAMÁÁÁ! Madre sólo hay una

¿POR QUÉ? ¡MAMÁÁÁ! Madre sólo hay una

PORQUE-MAMA

Con absoluta sinceridad, le pido a Dios  que mamá no lea este escrito, ya que si lo hace, lo admito, estaré en problemas… Hace tiempo, cuando niño, solía salir a la calle con ella a unas pequeñas caminatas que terminaban siempre con helados, hamburguesas, juguetes y pegatinas para el álbum de los súpercampeones. Pero entre tantas salidas, había algo extraño, algo que yo no caía en la cuenta en ese momento, pero que años después entendí: las amigas de mamá me agarraban los cachetes y admiraban mis largas pestañas mientras me consentían.Y ahora sé por qué: Cuando era un niño, parecía un muñeco de peluche; la viva estampa de Pablo Mármol en Los Picapiedra, sólo que con cabello negro. Mi madre – en un acto cruel, lo sé – había ordenado a la peluquera de aquel entonces hacerme el famoso corte “hongo”, y por esa razón, yo, inocente, caminaba por las calles como un muñequito caricaturesco. Ahora comprendo que las mamás hacen de todo para que sus hijos sobresalgan y sean reconocidos, ya que así, se sentirán orgullosas del fruto de su amor. En resumen, ellas quieren lo mejor para uno -a su manera- pero lo mejor. Y de la misma forma en que buscan elogios, no escatiman en regaños, ni dentro ni fuera de la casa. El problema está ahí: fuera de la casa…

¿Quién no ha pasado vergüenza por los actos o palabras que dicen sus mamás?

Cuando niño, todo parecía normal. Pero las cosas cambiaron cuando crecí y cada acto que hacía mi madre para alimentar su orgullo (del bueno) ya me empezaba a traer consecuencias, no graves, pero que sí coloreaban mis cachetes (los mismos que años atrás se gozaron las señoras cuarentonas). En mi adolescencia, cada palabra que usaba mi madre para consentirme me ridiculizaba, y cada regaño, peor. Todo con un alto costo respecto a mi reputación.

Yo fui víctima de las ocurrencias e imprudencias de mi madre. Busqué por todos los medios “instruirla” para que no hiciera de mí el tema de sus conversaciones, pero no lo logré. Por eso deseo que las nuevas generaciones tomen sus precauciones y eviten esos momentos incómodos, que yo, tuve que vivir.

Escondan el álbum de fotos familiar. Si tienen mamá celosa, no lleven a su novia a la casa, y si lo hacen encárguense de que se conviertan en buenas amigas, de lo contrario, tendrán el eterno problema de “novia Vs. suegra”.

Eviten que su mamá se conozca con la consuegra, esa es una amistad fulminante: se contarán detalles; su suegra sabrá cuándo usted obedece y cuándo no; sabrá también si usted es caprichoso, si es contestón o si sale los fines de semana, o si ayuda en casa, o si lava los platos. En otras palabras, su suegra va a saber más de usted de lo que usted mismo se conoce.

Si se fueron de farra, prohíbanles a sus amigos acercarse a su casa; no le den los números de teléfono de sus amigos a su mamá, ni para un caso de urgencia. Créanme: es preferible morir y terminar como un NN que arriesgarse a que su mamá le dé la cantaleta que usted se merece, a cada uno de sus amigos. Evite, evite… Sólo así, sus cachetes mantendrán su color natural.

Comments

comments