Pura Táctica y estrategia: Los juegos típicos de ellas contra nosotros

Pura Táctica y estrategia: Los juegos típicos de ellas contra nosotros

Foto por: Andrés Villegas

Casi siempre en las historias de infidelidad los culpables son los hombres, ellas las víctimas. Pero es que los hombres somos malos para “comer callaos”, siempre le estamos contando todo, y a veces un poco más, a los amigos y a nuestra mejor amiga, con la que la mayoría de veces termina pasando algo. Las mujeres sin embargo son una tumba, se guardan sus mentiras para ellas. Las mujeres nunca cuentan y por eso, no existen historias sobre sus infidelidades. Dicen que un hombre se enamora muchas veces, ellas no. Por eso cuando se enamoran pierden, tal vez por falta de experiencia.

Y es que desde hace mucho tiempo a los hombres nos ha tocado hacer el desgaste, no solo de plata si no de buscar, llamar y convencerla de que el cuento es con uno. De ahí el dicho machista de “el hombre propone y la mujer dispone”. Nosotros llevamos mucho tiempo en ese juego de andar detrás de ellas, lo vemos en los animales y en las culturas antiguas.  Como cuando él dispara la flecha y ella decide, al mejor estilo de Ace Ventura.

Cuando uno sale de rumba si que se hace evidente eso, pero últimamente ellas no están rumbeando literalmente hablando. Están cambiando los roles, ahora ellas son las que de forma inexperta nos buscan y el baile es la mejor excusa. La otra vez estaba saliendo de la universidad a tomarme una cerveza con unos amigos al frente y me di cuenta que, más allá de la cultura traqueta, las cosas han cambiado. La escena era extraña para mí, veía como un pelado medio pinta estaba sentado y dos peladas le bailaban de pie, una de frente y la otra de lado, era el sube y baja. Y no era de lejos, estaba viendo el mejor ejemplo del famoso “perreo”. Luego, el se puso de pie y tomaba a cada una por un lado, las tocaba y ellas felices. Yo decía, ¡mierda!, a qué horas pasó todo esto.

Ahora ellas son las que dicen para donde es, ellas proponen y uno paga. Ya uno no dice que se comió a una vieja si no que ellas son las que se lo comen a uno. La otra vez escuché como una pelada salía de una fiesta en una casa y la otra le preguntaba que por qué se iba temprano y ella le respondió como si nada: “me voy a comer a mi chico, chao”. Los hombres somos demasiado primarios y predecibles, por lo tanto presa fácil para un ser tan complejo y sagaz como la mujer.

Son calculadoras, saben cuándo llorar y cuándo no. Se ponen, se quitan piel, la ropa es cada vez más pequeña. Todo está diseñado para que ellas tengan cada vez más herramientas contra nosotros. Sin embargo, las mujeres siguen siendo un terreno sin explorar y nosotros, a través del machismo hemos destapado todas las cartas, por eso ahora no tenemos nada que ofrecer. No nos quedan armas, porque ni modo de recurrir a los salones de belleza y a la cirugía para tener nueva munición, porque ya dijimos que eso era ser marica.

Atrás quedó la época donde nos las sabíamos todas, donde el macho recolector regaba su semilla por todo lado. Hoy tenemos que responder, ellas saben que sus hijos son de ellas y uno no tiene de otra que creer. Todo un acto de fe.

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