Se le tiene la chapa

Para muchos es bastante común que llamemos a las personas por un apodo, de hecho hay quiénes dejan el nombre del bautizo por una palabra corta y sonora, que por lo general no necesita de apellido ni registro alguno. Hay unos que son típicos y se derivan de su nombre inicial como “Pacho”, “Fercho”, “Chucho” y “Nacho”; otros más bien son una corta descripción de su físico: “Negro”, “Gordo”, “Mocho” y “Calvo”. Todos los anteriores y muchos más como “Junior” son apodos sin gracia, sin ningún esfuerzo. Casi los podemos desclasificar como apodos y mandarlos a una categoría inferior.

Los apodos deben ser únicos y tratados como un producto que necesita innovación, creatividad y mucho humor negro para que funcione. Poner un excelente apodo no es cosa fácil y hay quiénes pagarían un buen billete por apodar a ese que le arruinó la época del colegio con un apodo, a ese que lo dejó de psiquiatra y mandó a vivir por fuera del país durante años para olvidar una dura época. A continuación se pretende darle una manito para que se desquite o para que le cambie la vida a alguien con un buen apodo. Aunque son un tanto genéricos, se espera que usted haga un esfuerzo para que le quede armado a la medida del cliente.

Por esto si usted tiene un amigo que sea bien gordo, de ahora en adelante le puede decir de forma cariñosa y respetuosa “Botija”, “Balón playero” o “Boloncho”. Tenga en cuenta que sigue vigente el de “IBM: Increíble Bola de Manteca”. Si es mujer, le puede llamar “La mujer doble”, “La gallina azul” o simplemente “Vaca”. Pero si es bizco le podemos llamar “Visconti” o “Miradita”. Bueno, también a los que son muy orejones les podemos decir que parecen “un Volkswagen con las puertas abiertas” o “Gizmo”, y si les falta una oreja, “Pocillo”.

Siempre en un parche de amigos está el enano, entonces le podemos decir “Cuarto de pollo”, “Medio polvo”, “Bolardo” o “Chichón de piso”, pero nunca “Chiqui”. Ése ya no funciona; es preferible decirle “Muñeco de torta” o “Mini me ”. Si conocemos a alguna amiga que todavía tiene ese molesto bigotico y nadie le ha dicho que se le ve horrible y que se lo corte, le podemos dar el empujoncito diciéndole “Bozo de lulo” o “Tres cejas” y si está demasiado largo, “Bigote de brocha”. Pueden aparecer apodos reflexivos como “Mancha de plátano”, porque “no sale con nada”, “Power Ranger”, porque “le cae a todos los monstruos” y el clásico “ Blue jean ”, porque “sale con cualquier zapato”.

Generalmente los apodos deben tener una pequeña dosis de veneno, para que cuando uno grite su nombre en público el efecto sea mayor. Se requiere que el apodado sienta deseos de despescuezar a la persona que ha revelado su identidad tan cuidadosamente guardada. Es que esa es la idea, que la persona sienta el peso del apodo, de ese nombre que lo identifica en ciertos espacios. Porque ¿cuál es la gracia de llamar a alguna persona por sus cualidades? Sería algo así como apodar a alguien de “Cara bonita”, “Viga” o “Juicioso”, eso no tiene gracia alguna. No, la idea es que si alguien tiene principios de halitosis se le diga “Aliento de buey” o “Bostezo de árabe”, o que al anciano del grupo se le pueda llamar “Decrépito” o, recordando a La Tele , “El viejo del mes”.

Apodos extra:

  • Para el marihuanero: Porroworld
  • Para el mala leche: Chancro
  • Para el feo: Care-guayo
  • Para el cojo: Patineta
  • Para el calvo: Roll-on
  • Para la fea: Mum-Ra

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