Temporada de patos

Es raro, pero estos patos siempre saben cuándo la estás pasando de lo mejor para entrar en acción.

No hay peor pato que aquel que aparece justo cuando se está con la novia, llámese pato-suegro-suegra, pato-abuela, pato-mejor-amigo o pato-conocido (que es el peor de todos) al que uno quisiera destrozarle las tripas porque se sabe que quiere atorarse como nunca a tu vieja.

Es raro, pero estos patos siempre saben cuándo la estás pasando de lo mejor para entrar en acción. A los suegros se les despierta un especial interés por saber cómo van las cosas con tu familia y con tus estudios o trabajo. No lo pueden ver a uno arrunchadito en los brazos y en el perfume de la novia porque de inmediato se ponen todos “moscas” sospechando alguna intromisión entre las piernas de la hija. Y tienen razón, es por eso que es tan horrible cuando llegan y preguntan “¿Y cómo está tu mamá?” y se les responde como siempre, que bien y he ahí que se acaba la conversación y viene el silencio incómodo.

Las abuelitas, tan lindas y atentas, como que siempre lo ven a uno desnutrido y desgarbado. Te quieren dar más y más jugos y alimentos a medida que pasa el tiempo y no paran hasta que las pongas en su sitio. Estás besando a tu nena, la estás acariciando y se están calentando, cuando por allá en el fondo, se escucha una vocecita diciendo que si queremos más galletas o ¡jugo de borojó!
Es por eso que los patos son cosa jodida y hay que tener paciencia de acero para soportar sus grandes intromisiones.

Sin embargo, los patos más desesperantes son los pato-amigos y los odiados pato-conocidos (pato-le-caigo-a-tu-novia-en-tus-narices) porque lo ponen siempre a uno entre la espada y la pared. A los primeros, la novia siempre está dispuesta a defenderlos y a recibirlos con un cariño sorprendente; la sangre te puede hervir en las sienes, pero si no te aguantas la piedra, fijo hay pelea. Es muy común que lleguen de sorpresa justo en la mejor parte del sexo con tu nena y si no llegan, al menos llaman a saludar, porque al parecer es una necesidad para ellos. También pasa mucho que se van los papás de la novia un fin de semana y uno se pone inmensamente feliz. Salen a relucir todas esas fantasías que se tenían pendientes y se empieza a hacer planes: que si se lleva trago, que cuántos condones, que ojalá se ponga esa tanguita, entre otras cosas. Y así se pasa el tiempo hasta que por fin llega el momento y adivinen quién está ya en la casa con ella: ¡el mejor amigo!

Lo anterior también aplica para los conocidos, aunque éstos tienen menos prebendas y se les puede tratar mal. No hacen visitas sorpresa pero sí llamaditas mamonas, que ponen a tono el ambiente para una riña de celos. De todas formas, o se arma un escándalo tarde o temprano, o se espera con cautela, calladamente, para luego darle un escarmiento al que se esté metiendo con lo de uno. A veces le ponen conversa a la novia y si ésta les sigue el juego, la rabia se multiplica, tanto con ella como con el tipo que le llama y de nuevo más riñas o espera.

Aguantar con paciencia a que vuelvan a emigrar esos terribles patos es arduo, estresante y mucho más, porque para éstos jamás abrirán la tan anhelada temporada de patos. Lo único que se puede decir es que son patos y son bien feos.

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