Un año más… pero menos mantenida

Un año más… pero menos mantenida

Yo soy de las que hacen un balance anual cuando se está acabando el año, no cuando voy a cumplir años, aunque para ser prácticos daría lo mismo porque cumplo lueguito de las fiestas. En años pasados la evaluación no arrojaba mayores resultados, panesaba de un año a otro del colegio o las materias que veía en la universidad cambiaban constantemente. Yo seguía siendo la misma o al menos eso era lo que creía.

Al acercarse la época de mi grado profesional me iba haciendo cada vez más conciente de que todo cambiaría más de lo acostumbrado. Los diciembres no transcurrirían entre semestres de universidad sino entre trabajo y más trabajo; con ese pensamiento llegaba la angustia de lo que me esperaría en el futuro o más bien de lo que saldría a mi encuentro.

Hubo una época en la que no tenía ni idea de lo que haría apenas me graduara. Eso me dio pánico, pero ni modo, el tiempo no se podía echar atrás y yo tampoco estaba dispuesta a echarme uno de los últimos semestres con tal de tener más tiempo para pensar en lo que haría luego de recibir el anhelado cartón; no señor, si de algo podía enorgullecerme hasta ese momento era de que no había perdido ninguna materia y ese gustito no me lo iba a tirar a última hora…Y pues como sólo quedaba caminar para delante porque para atrás como difícil, me gradué.

Teniendo muy fresco el recuerdo de una práctica empresarial casi de pesadilla y luego de escuchar las inspiradoras palabras de un profesor de último semestre, me quedó claro que lo mío no era ser empleada. Entonces con esa idea en mente me puse a buscar qué hacer, alguna de las cosas que me habían enseñado en la universidad tenía que servir para ofrecer a las empresas un servicio profesional por el cual me pagaran. Inicialmente me metí a armar cursos de capacitación y me fue bien, de cuando en cuando los sigo dictando. Luego hice entrevistas de admisión en un colegio y sí, conseguir el primer cliente por cuenta de uno es de lo más complicado que hay, sin contar que algunos administradores de empresas dicen que entre el primero y el quinto año sólo habrá pérdidas. Pero así se empieza, trabajando con juicio, no sólo con palancas, aunque mucho ayuden.

Varias cosas he aprendido desde ese entonces; por ejemplo que el poder mencionar dos o tres clientes antiguos en las ofertas de servicios hace que las empresas tengan más confianza a la hora de contratar a un profesional independiente. Este año tampoco he tenido pérdidas y gracias a mis ganancias soy capaz de cubrir mis gastos fijos – celular y EPS – tranquilamente. Si bien las épocas de vacas gordas cuando salía con mis papás a comprar ropa a final de año pasaron, ahora tengo más libertad que antes y veo más posibles sueños que antes no dejaban de ser simples pensamientos borrosos.

Acostumbrarse a dejar de recibir sueldo de hijo es un proceso que generalmente se vive de totazo. Los papás dicen “ya no más” de un día para otro y uno debe aprender a crear recursos en sitios antes inimaginados, pero se puede y la satisfacción de comerse un pedazo de pizza comprado con la plata que uno mismo se ha ganado no se cambia por nada. Una vez que los gastos comienzan a ser una responsabilidad propia ya no hay vuelta atrás, por eso me alegra poder decir que este año soy menos mantenida que hace dos.

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