Vacaciones millonarias

Vacaciones millonarias

-¡Mirá que a Carlos*  lo metieron a la cárcel!
-¿Sí? ¿Y eso por qué?
-Pues lo cogieron con coca en El Dorado.
-¿A lo bien?
-¿Quién es Carlos?
-Un man de la universidad. De razón que cuando volvíamos de vacaciones siempre decía que había estado trabajando en Estados Unidos. Pues yo no sé qué tanto tiempo llevaba en eso, pero me imagino que no era la primera vez.

-No marica, está loco. Uno ir a parar a la cárcel sólo por plata.

-Y que agradezca que lo cogieron aquí y no en Estados Unidos, porque allá sí le clavan mínimo 15, 20, 30 años de cárcel.

– ¡No, qué porquería! ¿Cuántos años tiene ese man? ¿24? ¡Qué tal que lo hubieran cogido en Estados Unidos! Saldría de la cárcel después de los 50 años. Nooooo…
Esa conversación ocurrió mientras me comía una hamburguesa en un restaurante cualquiera cercano a la séptima, en Bogotá. El sujeto del que hablaban, según me contaron, era un tipo bastante normal, medio play. Nadie que lo viera habría podido sospechar que iba a terminar en la cárcel muy pronto, menos por ser mula. Pero allá llegó, y ahí sigue.

Foto:Cindy Muñoz - EL CLAVO

Foto:Cindy Muñoz - EL CLAVO

Según los datos de Conexión Colombia, cada semana son capturadas una o dos personas en el Aeropuerto Internacional El Dorado por tráfico de estupefacientes. Son individuos comunes y corrientes, muchos de ellos jóvenes que ven una oportunidad para conseguir dinero para gastos y antojos, en cantidades que de otra manera les resultaría muy difícil reunir en el mismo tiempo. Pero, contrario a lo que ocurría hace varios años, las mulas de ahora no son típicamente colombianos pobres que quieren salir de ‘la inmunda’ rápido. La mayoría son extranjeros que vienen a Colombia supuestamente de vacaciones. Es así como la droga que llega a España, México, Estados Unidos, Francia, Holanda y Alemania, principalmente, llega en los estómagos, las maletas y las piernas de sus propios nacionales.
Los que promocionan el cuento de ser mula insisten en que es una forma fácil de obtener dinero, porque en pocos días se ganan miles de dólares, y además, pasean un rato. Y por supuesto, hay muchas historias de éxito para contar, con el final más feliz de todos: la mula se hace buena plata, el jíbaro también, el narco obviamente, y el español, mexicano, gringo o franchute se mete el ‘pase’ tranquilo, una droga cuya calidad ha sido protegida de la contaminación con jugos gástricos humanos, materia fecal, o a veces sangre, gracias a un “sofisticado” recubrimiento de látex, en otras palabras, trozos de guantes de cirugía amarrados.
Claro, en la televisión salían propagandas que decían “y si es tan fácil, ¿por qué no la llevan ellos?” A lo que uno respondía mentalmente “Pues porque no es tan fácil. Porque además no debe ser nada rico tragarse enteras unas pelotas y después tener que expulsar eso por el ano”. En realidad, irse de mula no resulta muy racional, teniendo en cuenta que ni el pago está garantizado. Si se les revientan los paqueticos en el estómago, o los pillan, o los matan porque la coca no salió en la ida al baño, los dólares no tendrán nada que hacer ahí. Los posibles costos son muchísimo más altos que los posibles beneficios, pero la soberbia y la ambición no ayudan a medir riesgos correctamente.

*Nombre cambiado para proteger identidad. Además, la autora no recuerda el nombre verdadero

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