¿Feliz día?

¿Feliz día?

El pasado 8 de marzo se celebró el día internacional de la mujer y en todas las emisoras escuché las consabidas felicitaciones a las damas, las invitaciones a decirnos cosas bonitas, regalarnos flores y demás.

Muy bonito todo eso mujeres, pero es una lástima que tomemos una fecha tan importante y la transformemos en otra celebración comercial como navidad o san Valentín y eludamos la reflexión necesaria sobre la condición de las mujeres hoy en día.

“Ya alcanzamos la liberación sexual, ya somos independientes y hacemos lo que nos da la gana”. Por favor, no se engañen con un argumento tan cómodo como ese. Si bien es cierto que los tiempos han cambiado y que hoy gozamos de importantes conquistas de nuestras antepasadas en algo tan básico como los anticonceptivos y una consciencia menos subordinada de nuestro papel dentro de la sociedad, aún la mujer no goza de un trato igualitario: diferencias salariales en puestos iguales, una baja tasa de representación femenina en espacios políticos y académicos, y unos índices de violencia de género que no disminuyen y cuyas denuncias, desafortunadamente, siguen siendo mínimas.

Aún seguimos validando discursos culturales que o relegan a la mujer a un lugar servil, como evidencian comerciales en los que se la muestra cocinando o limpiando, o a un lugar superficial y decorativo, en nuestros consabidos reinados, por ejemplo. Es verdad, los tiempos han cambiado. Ahora enfrentamos retos diferentes. Sin embargo, en vez de enfrentarlos, las mujeres que tenemos más posibilidades de defender a nuestras compañeras más desafortunadas, a las que nadie escucha, estamos muy ocupadas buscando encajar en modelos ideales e irreales de lo femenino: vernos delgadas, estar a la moda, alcanzar la relación amorosa perfecta, tener un buen puesto de trabajo y ser la mujer multitask que tiene hijos, esposo, empleo, casa, carro y perro. El modelo perfecto de mujer que hace de todo menos ser ella misma. Yo no sé ustedes, pero yo estoy cansada de que las revistas femeninas me digan cuantas cosas tengo que hacer antes de los 30 para considerarme exitosa, cuantas cosas tengo que hacer para que mi pareja me quiera y cuantas otras tengo que tener en mi armario para ser feliz. No creo que el ser mujer se reduzca a eso.

No les digo que el día de la mujer no reciban los regalos, las flores o los chocolates; son detalles bonitos, pero al mismo tiempo las invito y a los señores también, a pensar, y no solo un día al año, cómo vamos en ese anhelado sueño de igualdad. Acuérdense de aquellas otras mujeres, que aquí y en otros lugares del mundo luchan contra un entorno altamente sexista y violento y pregúntense qué significa ser mujer en una sociedad, aparte de ser madre, esposa, novia, hija, hermana o amiga; pregúntense cómo quieren que las vean más allá de esos roles que cumplimos para los demás y por qué vale la pena seguir luchando por el derecho a la igualdad en vez de buscarnos nuevas cadenas mentales a las cuales atarnos.

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