Experto en cajas fuertes

Experto en cajas fuertes

Al final de este artículo está la respuesta a un acertijo. Advertencia: No hagan trampa empiecen desde el inicio de este escrito para entender el final…

Ivan Coello 11

Iván Coello

Alberto, las abre todas. Él me comenta: “en quince años que tengo de profesión, no hay caja fuerte que se me resista”. Su instrumento: un cuchillo, y no crean, mis amigos invisibles, que es un ladrón. Es un hombre honrado. Alberto es un reciclador que encontré trabajando en la Av. 5 Norte de Cali, precisamente en el barrio Versalles. Con gran maestría abría la caja fuerte: “un colchón”, que estaba entre la basura que sería recogida en la tarde. “Caja fuerte, ¿un colchón?”, le pregunté. Sí, me responde este hombre poco aseado y harapiento, quien me cuenta que hace un trabajo sucio pero honrado. Me acordé de las semanas de convivencia que tuve hace dos décadas con los recicladores de uno de los basuros más grandes del mundo de aquella época en la ciudad de Guayaquil – Ecuador y de cómo el Jesuita Ignacio Moreta se volvió parte de ellos para enseñarles exitosamente a hacer microempresa con el reciclaje. Mientras conversábamos Alberto y yo, la gente se hacía a un lado para no pasar cerca de él. “Si ve cómo me huyen. Me tienen más miedo que a Carlos Castaño y al Mono Jojoy”. Aquello me lo expresa con la indiferencia de la costumbre y la rutina de todos los días. “Me ven con mi carretilla y con mi camello (trabajo), y se apartan de mí porque creen que soy peligroso. Me ven así y me respetan. Si un ladrón me quiere robar me hago el loco. Los ladrones le huyen a los locos porque son impredecibles, pero yo no estoy chiflado y esto es un trabajo serio”. Pienso ahora, tan serio como lo que quisieron hacer los hijos del ex presi Uribe monopolizando el reciclaje para ellos solitos, lo que me da a entender que sí es un negocio que da platica cuando llega a manos non sanctas. La apariencia de Alberto no es así todo el día. “Voy a misa con mis hijos y me visto bien para las fiestas”. Eso sí, según él, el trago es su mayor placer y de aquello no se va a distanciar por nada del mundo. Consciente de que el reciclaje le da un ingreso para satisfacer su vicio del licor y mantener a cuatro hijos de dos compromisos, no deja de hurgar en la basura para reciclar vidrios, papeles, cartones y todo lo que sabemos que se pueda retornar a la sociedad. “Una de mis hijas estudia música en una entidad cultural, y yo soy feliz con lo que ella está realizando”, me cuenta muy orgulloso de este gran logro que él financia.

Doctorado “Honoris Colchonis”

“Soy doctorado en reciclaje en la Universidad de la Vida. Soy experto en cajas fuertes”. Los colchones a los que nuestro personaje califica “cajas fuertes”, a veces le han dado para comer. Me explica, que todavía existe la costumbre, sobre todo en las empleadas domésticas y “en algunas personas tacañas”, de guardar el dinero y algunas joyitas en el interior de los colchones. “Si hay roticos remendados, ahí puede haber platica ahorrada. La caja fuerte se abre, se le mete el dinerito, se la cierra con hilo y aguja, y se reabre cuando se necesita el billete”. “Es el banco de la esquina (pero de la casa) ja, ja, ja, es el banco del cuartito”. Mientras me contaba aquello, acuchillaba sin piedad el colchón de la calle, que ya contaba con algunos remiendos que podrían ser los indicios de “un gran tesoro”. Alberto no encontró nada; le dije que me diera el chuchillo para saber lo que se siente acribillar un colchón, y lo hice. “Nada de nada, este coco no tiene agua”, me
dijo mientras yo observaba como la gente miraba asombrada como conversaba con normalidad con el amigo reciclador. Parecíamos viejos amigos.

Alberto varias veces ha encontrado fortuna en sus “cajas fuertes”. Billeticos de 10.000, de 5.000, joyitas, foticos, documentos, declaraciones de amor, revistas pornográficas, droga; y una vez encontró billetes de la década de los 60, que para nada sirven ahora. “Mi mejor banco es el colchón”. El reciclador termina de acuchillar a “su banco”, mientras yo pensaba que ni el mejor agente de la DEA podría escudriñar tanto como este experto en “cajas fuertes”. “¡Pa’ otro día será!”, exclama sin perder el ánimo de seguir encontrando tesoros ocultos. Todavía es de los que mira arriba y abajo sin perderse ningún detalle de la vida. “No tengo celular, no se manejar Internet y no pierdo mi tiempo hablando de política, pues los políticos se pelean entre ellos y no se la juegan por la gente como yo. Yo estoy en la jugada sintiendo y viviendo lo que es la vida mientras ellos se creen mejor que otros por ser políticos”.

De verdad pensé que mejor profesor de filosofía no podría encontrar y para todo lo demás…, en fin no iba a decir Mastercard, sino: para todo lo demás, los que gobiernan y han gobernado Colombia son la verdadera basura no reciclable que definitivamente no hay que tocar ni con votos. Sin embargo seguimos reciclándolos… Después de todo son basura.

Por Iván Coello Ángel

@IvanCoello

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