Fulano de tal

Fulano de tal

desempleado

Imagine usted a Fulano de tal como aquella persona que dedicó 18 años de su vida a trabajar en una empresa multinacional.

Paradójicamente inició su vida laboral a los 18 años. Trabajó siempre con dedicación para poder ascender, pero nunca llegó a ocupar un cargo directivo. De repente en una tarde de su décimo octavo año de trabajo, en la cual le puso el mismo empeño de siempre a todas sus labores, faltando tan sólo media hora para acabar la jornada, le pasaron su carta de despido. En esta le indicaban que prescindían de sus servicios, conocimiento, dedicación, etc., y así, como de de la nada; sin que alguna vez se le hubiera pasado por la cabeza esa situación, Fulano de tal engrosó el batallón de desempleados en el país.

En ocasiones trabajar para una corporación es similar a vivir en arriendo, en el sentido en que para lo segundo, año tras año pagamos una mensualidad, y al final ni siquiera somos dueños de un ladrillo. De forma similar trabajamos y trabajamos para que en cualquier momento nos den par palmaditas en la espalda y nos echen con o sin justa causa, sin importar si estamos hasta el cuello de deudas, tenemos que sostener a una familia o si somos brillantes desempeñando nuestras tareas.

Conocí la historia de Fulano de tal, quien fue despedido por cuestionar inocentemente una de las labores que llevaba ejecutando por más de una década. Me imagino que a su jefe se le ocurrió prescindir de sus servicios ese día, con la misma facilidad que escogió el par de medias a utilizar al salir de la ducha. De pronto fue justo en ese momento cuando decidió echarlo.

Así que le dedicamos gran parte de nuestra vida a una compañía, a trabajar por los intereses de otro, para, después de un corto o largo lapso de tiempo, recibir una “bofetada” y salir con algo de dinero en nuestras manos pero con nuestra moral arrastrándose por el suelo.

El panorama no resulta para nada alentador. Para acceder a una pensión por vejez se debe llegar a tener 57 años en el caso de las mujeres y 62 en el de los hombres.

Por tal razón considero que siempre debemos tener en cuenta la opción del emprendimiento, pero quitándole ese halo de moda en el que últimamente se le ha enmarcado.

Si a usted no le convence su trabajo y quiere emprender y/o tener su propia empresa, en vez de encerrarse en conversaciones con su consciencia relacionadas con su trabajo, que no hacen más que agobiarlo y entristecerlo, dedíquese a identificar que es lo que realmente le gusta hacer, y a diseñar un modelo de negocio en torno a eso.

Vuélvase increíblemente bueno en eso que tanto lo inspira. Lo más probable es que logre generar ingresos a partir de su ‘tumbao’ profesional. Por favor siempre tenga en mente que en cualquier momento usted o yo podríamos ser el próximo “Fulano de tal” de Colombia.

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