¡A Dios le gustan los maricas!

¡A Dios le gustan los maricas!

Colmenares decía que: “los comunicadores sociales somos cazadores de mitos” y hoy se calcula que existen alrededor de cuatro millones de homosexuales en el país, es decir, el diez por ciento de la población. Hecho que contrasta con la falta de representatividad política que tienen los gays y el poder de las iglesias, porque Dios ha sido el único capaz de reglamentar el lobby en el Congreso de Colombia.

Estoy de acuerdo con el matrimonio de las parejas homosexuales y redefinir el núcleo de una sociedad, que es la familia, porque existen muchas modalidades de familias y el concepto de familia debe ampliarse conceptualmente, sin importar el género o las inclinaciones sexuales de quienes la componen. Porque dejando a un lado los aspectos legales, todos los argumentos en contra del matrimonio de las parejas homosexuales, son de índole religioso.

Ahora bien, la Corte Constitucional le tiró el balón al Congreso, porque según unos, ella no puede cambiar la Constitución pero según otros, la Corte sí tenía las facultades para permitir el matrimonio gay. Lo cierto es que cuando admitió la existencia de un “vínculo jurídico”, puso a medio país a tratar de interpretarla, sin que tuviéramos en cuenta, el proyecto del gobierno del presidente Santos, que pretende reformar a la justicia…

¿Qué tal que la Corte Constitucional hubiera actuado de la misma manera con la segunda reelección de Uribe? Porque en aras de los derechos de las parejas homosexuales, es preferible que la Constitución se modifique donde tenga que modificarse por ellos y no por los micos del Congreso o por el presidente de turno.

Por ejemplo, los homosexuales no tienen ni siquiera el derecho a una sociedad conyugal y es cruel, inaudito e inaceptable, que el hijo de una persona adoptada no tenga abuelos o que los abuelos no tengan nietos, según las leyes de Colombia. Es decir, que también estoy de acuerdo con que las parejas homosexuales tengan el derecho de poder adoptar a un niño, aunque Bienestar Familiar piense más en el bienestar de las iglesias, que en un hogar para los niños.

Muchos argumentan que para que un niño se desarrolle integralmente, se necesita del modelo materno y del modelo paterno pero a mí me parece ese un argumento paradigmático, porque reduce la discusión a las diferencias físicas que distinguen al cuerpo masculino del cuerpo femenino. Me explico: en las parejas homosexuales existe el carácter del hombre y el de la mujer, sólo que el cuerpo de ambos corresponden al mismo género.

En otras palabras, permitir el matrimonio de parejas homosexuales y permitirles que puedan adoptar a un niño, haría de Colombia una sociedad más libre y más justa. Es decir, que ésta discusión no sólo le compete a los gays, sino que también involucra a quienes todavía no saben, que ¡a Dios le gustan los maricas!

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