¿Al fin qué con el fin?

¿Al fin qué con el fin?

Antes sentía miedo al pensar en el tan renombrado fin del mundo, pero tuve una revelación y mandé ese temor para el carajo; allá mismo donde tienen que estar todas las teorías del Apocalipsis. Naturalmente sentimos miedo cuando nos hablan del fin del mundo porque inmediatamente hacemos una inminente asociación con la muerte; y que nos digan que nos vamos a morir nos genera un pánico astronómico. Por supuesto, también pensamos en nuestros familiares, amigos y conocidos; gente que queremos y que al parecer va a morir.

La muerte suena alarmante, terrorífica… pero, si se va a acabar el mundo (ojo pues), el ¡Mundo!, todo lo conocido, tú, yo, ellos, vosotros, nosotros, ustedes, aquí, allá, más allá… si se va a acabar todo, ¿de qué nos vamos a perder?

Como quien dice: ¿De qué se preocupa? Uno no se quiere morir porque tiene proyectos, familia, anhelos, planes, cosas por desarrollar en su vida y en esta dimensión del mundo, pero si el mundo va a sufrir dicho cataclismo, no va a quedar nada y todo se va a acabar, pues de nada nos vamos a perder.

Si por ejemplo usted está preocupado porque se va a morir y no pudo conocer la torre Eiffel, pues en el fin del mundo no hay lugar ni espacio para esas preocupaciones porque la mismísima torre, las pirámides, Angelina Jolie, el crucero más lujoso del mundo, su carro que sigue pignorado, la deuda de la tarjeta de crédito, la pinta que no se compró y todo lo demás va a volar en miles de millones de pedazos.

Mi mamá tiene un dicho que yo considero bastante oportuno para estos casos: si el problema tiene solución ¿de qué te preocupas?; y si el problema no tiene solución ¿para qué te preocupas? De hecho creo que el mundo sí se está acabando, pero acabando de joder, porque no creo que seamos tan afortunados como para que de un momento a otro esto haga ¡CA-TA-PLUMM!

Si su preocupación va más encaminada a que con el fin del mundo usted no va a volver a ver a sus seres queridos, ahí sí que se puede sentar y relajar porque de llegar la hecatombe todos vamos a pegar para el mismo lado, o para ninguno, quién sabe… de hecho, ¡nadie sabe! o es que alguien ha podido venir de por allá a contarnos qué pasa cuando la gente se muere…

Seguramente a nadie le conviene que se acabe el mundo (aunque en el fondo nadie sale del todo perjudicado), pero a mí sí me da por pensar que a alguien le tiene que convenir que la idea del fin del mundo provoque tanta conmoción. Créanme que un concepto tan promocionado, expuesto y sensible tiene que estar beneficiando a alguien.

Hay medios de comunicación que ganan millones de dólares en publicidad basando sus contenidos en interpretaciones apocalípticas, hay grupos religiosos que consiguen más adeptos (por ende más billete) prometiendo salvación y perdón en el día del juicio final, otros simplemente buscan atención o los populares quince minuticos de fama. Cada vez que alguien se alarma con el tema del fin del mundo, hay otro alguien que se está enriqueciendo. Y ya untado el dedo, ¿Cómo preferiría que se acabara el mundo?

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