Al son que me toquen…

Al son que me toquen…

Juanma RodríguezSi mentalmente complementó el título de esta columna con la palabra “bailo”, se puede dar cuenta que en algún momento de nuestras vidas, se metió información en los archivos temporales de nuestro cerebro, la cual considero que solo está ahí para hacer bulto. Muchas veces tomamos estos clichés y frases comunes coloquialmente y no nos detenemos a pensar si realmente tienen sentido alguno.

“Al son que me toquen bailo”. Si mis “entendederas”, cerebro, raciocinio está en lo correcto (en ocasiones andan perdidos), lo que quiere trasmitir esta frase es: “tranquilos, yo, este pechito, se amolda a cualquier situación, no hay de que alarmarse”. La frase viene siendo prima hermana de “Píntela que yo se la coloreo”, tomando esta última no en su sentido belicoso y de conflicto, sino ése en el cual, cuando tenemos que desempeñar una tarea, la vamos a poder ejecutar; solo es que nos digan cómo hacerlo y ya está.

Acá es cuando me opongo rotundamente al significado que encierra la frase “Al son que me toquen bailo”, pues creo que a la larga tiene connotaciones negativas.  Diariamente, los grupos de personas o lugares que uno frecuenta le pueden tocar muchos tipos de sones, pero creo que todos tenemos la capacidad suficiente para determinar si bailamos o no.

Veamos; suponga que  en la empresa para la cual usted trabaja muchos trabajadores que usted conoce  roban dinero de la misma o hacen cualquier tipo de “torcidos”; queda claro que le están tocando el son de la “delincuencia”; pero por más que lo hagan, usted no tiene porque bailarlo y mucho menos intentar tocarlo.

Por eso considero que la frase debería ser “Al son que me toquen decido si bailo”, porque la misma, tal cual como está, no permite que usted se cuestione y no le deja ningún campo de acción. Imagino que muchas de esas personas que la toman tan a la ligera, hasta sin darse cuenta, la adoptan como un mantra de conducta diario.

Otro par de frases que considero sin sentido son el famosísimo “Pa’ lante es pa’ allá”; frase sonsa que fácilmente le aplicaba a Hitler y su empresa de aniquilación o la de “Colombia es pasión”, con la cual sacamos pecho y que apenas la oímos, no falta nada para que nos pongamos a cantar  “A mí sírvame un aguardiente, un aguardiente de caña…”. Como dice un amigo mío “Colombia no es pasión, es el país donde vivo”.

Puede ser que el tema que estoy tocando a muchas personas les parezca irrelevante, pero opino que más de una persona adopta posturas y actúa de determinada manera, solo  porque estas frases, dichos o clichés, le suenan en la cabeza constantemente como un disco rayado.

Creo firmemente que por más insignificantes que consideremos van a ser nuestros actos, debemos cuestionarlo todo. El  que no pregunta pierde.

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