Algo anda mal

Algo anda mal

Juan Manuel Rodríguez

Juan Manuel Rodríguez

Viernes con clase en la tarde.  Llego a la universidad con el tiempo justo para comer algo. Me compro un Sandwich, un paquete de papas, una gaseosa y me ubico en una terraza que cuenta con muchas sillas de parque al igual que estudiantes.  Me siento en una y justo enfrente mío, acostada en otra, está una estudiante con pantalón negro, botas cafés y una chaqueta blanca que, haciendo sus veces de cobija, le cubre su cabeza y parte del torso.  Atrás de ella otras tres estudiantes están completamente inmersas  en quien sabe qué tipo de conversación.

Detrás de mí, tres hombres discuten sobre notas.  Al parecer uno de ellos tiene problemas con una materia, la cual le puede perjudicar su promedio.  Respecto a su incidente anota: “Y a Arango que no presentó ningún trabajo le puso 3.0  ¿Ahh…? ¡Tiene mucho huevo! Esa vieja me cogió rabia.”

Los otros dos amigos respondían con comentarios de aliento pero poco comprometedores; como a dándole a entender “Tranquilo, pero usted verá como soluciona su lío”.  El ‘calculador’, ese personaje que nunca falta en la universidad, le preguntó las notas de todas las materias y después de hacer unas sumas y divisiones veloces dio su veredicto: “Mire lo que tiene que hacer es dejar Metodología en 4.0, y así ya no tiene que preocuparse por nada.”

Mientras ponía atención a la conversación, creo que hice mucho ruido con el paquete de papas y desperté a la estudiante de la chaqueta-cobija.  Me miró fijamente por un par de segundos, dio media vuelta como si estuviera en su cama y parece que se durmió al instante.  Imagino cuando, más tarde, su madre le pregunte que tal estuvo su día de universidad.  Seguramente responderá con cualquier frase corta en cambio de un sincero “Bien, dormí lo más de rico”.

Vuelvo a centrar mi atención en la charla de los estudiantes. Supongo que “Metodología” es una materia que consideran relleno y que sirve para arrastrar esas otras en las que no les va tan bien, al ser más exigentes.  El estudiante con el problema, no volvió  a hablar.  Para ese momento ya había acabado mi almuerzo y me puse de pie, con la intención de ver cuál era la apariencia de ese hombre que sacó menos nota que el infame Arango, y el cual me había imaginado de pelo largo, jeans rotos, camiseta y tenis; muy a lo Kurt Cobain.

Me encontré en cambio con un hombre que llevaba un pantalón de dril color caqui,  camisa dentro del pantalón, saco rojo, pelo corto y zapatos. Yo y mis tontas preconcepciones.

Algo anda mal si uno como estudiante solo se preocupa por la nota, por ese número que determina si se pasa o se pierde una materia y el cual  se supone, es directamente proporcional al nivel de conocimiento de una persona.

Algo anda mal. Si los colegios y universidades continúan graduando personas, como si fueran piezas de una producción en serie, donde si  estas, a lo largo de un periodo se consideran defectuosas, vuelven a ser procesadas.

 “La finalidad de la educación no es que una

persona reciba un diploma, sino lograr una preparación

para un aprendizaje de por vida”

– Peter Drucker –    

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