¿Alguien quiere pensar en los cubios?

¿Alguien quiere pensar en los cubios?

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Mucho se ha hablado de los derechos de los animales, hay desde quien aborrece las corridas de toros hasta quien no come carne por no quitarle la vida a otros animales que sienten y que viven. No discuto las posturas de cada quién, pero… ¿Por qué nadie se preocupa con la misma vehemencia por los vegetales?

Muchos me dirán “Es que el vegetal no siente”, puede que no, pero eso no le da más derecho a existir a un animal. A fin de cuentas ¿quién le da más derecho a vivir a una vaca que a un rábano? ¿Por qué es cruel matar a un pollo y no lo es matar decenas de papas para acompañarlo al almuerzo? Por eso vengo hoy a alzar mi puño en contra del maltrato vegetal. ¡No más maltrato vegetal!

Porque la vida de una zanahoria es tan valiosa como la de un conejo, así como la de un conejo es tan valiosa como la de un lobo. Hay que parar la masacre, y para ello, pienso constituir el movimiento de conservación vegetal más importante de nuestro tiempo: El Mineralismo.

Los mineralistas no comerán nada que haya muerto hace menos de cien años. Ésto con el fin de no excluir de su dieta los huesos fósiles con los que le darán sabor al caldo de piedras.
Comerán tierra sazonada con cal. Si miles de plantas pueden subsistir alimentándose de tierra, ¿por qué no los humanos?

Los mineralistas no se purgarán ni se bañarán, esto con el fin de evitar asesinar masivamente a las especies que viven en comensalismo, simbiosis o parasitismo con nuestros cuerpos. Si ya están respetando los derechos de los vegetales, ¿por qué no empezar con los de los protozoos y microbios?

Lamento que nadie haga parte de este movimiento que pretende salvar millones vidas a partir de la propia vida. Los mineralistas no cepillarán sus dientes ni se lavarán la cabeza. Solo con estas acciones se está matando a millones de individuos de un solo golpe. Tampoco usarán antibióticos ni retrovirales en caso de enfermedad (porque los virus también son considerados seres vivientes por los mineralistas). Y albergarán alegremente a los piojos, pulgas y garrapatas que quieran vivir en ellos, pues así se convertirán en un hábitat amigable para estos bellos insectos que, a pesar de tener una vida tan valiosa como la de un pollo o un toro, son repudiados y exterminados por casi todos sus huéspedes humanos.

Lamento que nadie quiera hacer parte del movimiento mineralista, ni siquiera yo, porque disfruto tanto el sabor de la carne y el placer de matar mosquitos con chanclas, que prefiero no pensar en que estos animales puedan tener el mismo derecho a existir que yo tengo.

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