Belleza: una necesidad creada

Belleza: una necesidad creada

Juanma Rodríguez

Siempre me ha intrigado saber hasta  qué punto  los medios de comunicación influyen sobre nosotros.  ¿Será que la radio, la televisión, la prensa, la Internet; las tendencias de los grupos sociales, a los que pertenecemos, influyen en la forma en la que actuamos?

Suponga que usted muere por  cierto producto comestible. ¿En verdad es su producto favorito y se deleita ingiriéndolo, o  tan solo le han programado un gusto ficticio con toda la información que le han metido en la cabeza a lo largo de su vida?   El ejemplo expuesto, a la larga, es una estupidez.

Lo realmente grave es cuando esa programación atenta contra nuestra integridad personal, por ejemplo, cuando hace que nos cuestionemos sobre si cumplimos o no con los parámetros de belleza exigidos por la sociedad.   Cada vez tendemos a calificar de forma más agresiva qué es malo o bueno. En estos tiempos  todo es blanco o negro y al que no le guste esa dicotomía, parece no tener cabida en este absurdo mundo.

¿Dónde diablos esta el manual para saber qué es bello y qué no? Muchos podrán decir, por ejemplo, que la modelo alemana Heidi Klum es muy bella, punto que no voy a entrar a discutir porque estoy de acuerdo; pero lo que es considerado bello por cada uno de nosotros o por un colectivo de personas, tal vez no lo sea para otras culturas.

A mí, por ejemplo, muchas veces me han gustado mujeres que no son consideradas bonitas a los ojos de mis amigos o de acuerdo a los parámetros que nuestra sociedad tiene definidos como conceptos de belleza. La belleza definitivamente, como dice el refrán, “se encuentra en la mirada del espectador”. Sin embargo, de forma arbitraria, las personas atacan a otras por sus gustos.

Considero que somos esclavos: esclavos de la moda, de las apariencias, del dinero, del qué dirán, y quién sabe de qué otras cuantas cosas más.  Por eso es que tenemos conductas que le apuestan a la maldad y  adquirimos cosas que no necesitamos.

Por eso es que muchas personas se someten a procedimientos quirúrgicos que les empeoran el físico o les dejan uno que en un principio no tenían, no querían y mucho menos se merecían. Por ejemplo, las  mujeres que  se inyectan vainas en la cola para que se les vea más bonita, más paradita… En el fondo puede que realmente no lo deseen, simplemente actúan de conformidad a un prototipo de belleza que les exige la sociedad.

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