Blind date

Blind date

Hay que dejar los prejuicios frente a las citas a ciegas. Aunque están obligadas a una incomodidad inicial, el desenlace no siempre es malo. El misterio tiene su imán y las desconocidas tienen su encanto. Lo importante es la forma de contacto.

Cuando digo cita a ciegas me refiero a salir con alguien que uno no conoce o a quien sólo ha visto alguna vez, como de refilón. Pero el tema no es tan simple, estos encuentros se dividen según la forma y el nivel de ceguera:

La primera es de ceguera absoluta, cuando la amiga del amigo le invita a uno una amiga. Ahí no hay ni referencias. Es similar a charlar con alguien en el bus e invitarla después de dos minutos. Puede ser loca de atar o hasta asesina en serie. Claro que también puede ser la mujer con quien uno se termina casando… o ambas a la vez.

La segunda, es cuando uno invita a la vecina del amigo, aquella vecina a quien uno saludó  rápidamente alguna vez en la oscuridad de la noche. Ahí puede haber algo de referencias, en mayor o menor grado, según la cercanía del amigo con ella. El amigo podrá decir: he hablado con ella en el pasillo; es buena gente, le gusta el vino, da clases de yoga, se la pasa leyendo, todos los días saca un perro labrador a pasear y se ve que el animal está contento con ella.

La tercera, es cuando uno invita a alguien que conoció por Facebook. En este caso, puede haber muchas referencias. Supuestamente se ve el perfil, su foto, que intereses tiene, grado de escolaridad y hasta que música le gusta. Pero ojo, generalmente esa información tiene un alto porcentaje de mentiras y enmascaramientos. Razón por la cual es una situación tan ciega o peor que la primera. Es mejor tener referencias de un vecino o ninguna referencia, a tener una imagen desvirtuada de entrada. Pues a la hora de la verdad, Facebook viene siendo un currículum vitae personal,  lleno de exageraciones y elucubraciones narcisas.

Personalmente apoyo las dos primeras formas de contacto, o cualquiera que sea libre de redes sociales y abierta a la espontaneidad propia de la realidad. Sí, así salga loca de atar. Los acercamientos virtuales terminan siendo forzados y artificiales; impiden el curso de las coincidencias, esos destellos de magia que tiene el destino. No es lo mismo encontrarse con alguien en un bar, por casualidad, y decirle: yo te vi el miércoles en el café “El samán”, alrededor de las 5pm, estabas leyendo El Clavo, me pareció ver que era la página de recomendaciones de cine, tenías puesto un blue jean, una blusa hindú y unas sandalias; a encontrarse con alguien en la red y decirle: veo que eres amiga de fulana en Facebook.

Sé que el mundo está lleno de psicópatas, estafadores, maltratadores, agresores… y hasta de políticos. No se trata de apresurarse y dar rienda suelta  y confianza a cualquier encuentro, pero sí de ir tanteando la realidad, poco a poco; con cautela pero sin prejuicio, bajo la presunción de inocencia. Es ponerle la mejor cara a la blind date; mantener los sentidos muy agudos y fijarse bien en los detalles que la situación de invidencia vaya evidenciando.  Y a veces la vida lo sorprende a uno gratamente.

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