Carta a la Sexualidad

Carta a la Sexualidad

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Uno día a día lee noticias y los sentimientos son infinitos, aunque algunos son repetitivos como el de indignación frente a ciertos sucesos que ocurren en el país. No sólo es indignación también es tristeza, como es el caso de Sergio Urrego.

Hablar de derechos sexuales y reproductivos implica hablar del derecho de las personas a ejercer su sexualidad y reproducción con libertad y dignidad permitiendo a cada sujeto disfrutar de la sexualidad de una manera sana, segura, responsable, sin miedos ni vergüenzas, según cada forma de ser, sentir o pensar.

En algunas zonas del mundo, sobre todo en países en vías de desarrollo, estos derechos no siempre se respetan: en el siglo XXI, 70 estados tienen leyes que prohíben las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, y en 9 de ellos éste se castiga con la pena de muerte. ¿Entonces, en qué estamos?

Hablamos de sexualidad para referirnos a un aspecto de la vida de todos los seres humanos y está relacionada con la capacidad de sentir placer, nace con nosotros y se muere con nosotros e involucra aspectos físicos, sentimentales y emocionales. Esto quiere decir, que la sexualidad está relacionada con nuestra forma de ser, de pensar, de sentir, de actuar y de relacionarnos con otras personas y con nosotros(as) mismos(as).

De acuerdo con Sigmund Freud, la sexualidad rodea todo lo que somos, es por esto que la sexualidad no es una “cosa” que aparece de pronto en las personas adolescentes, jóvenes o adultas. La crianza y la educación, así como la edad, la cultura, la región geográfica, la familia y la época histórica inciden directamente en la forma en que cada persona vive su sexualidad.

Sucede con frecuencia que el concepto de sexualidad se confunda con los conceptos de sexo o relaciones sexuales, lo cual limita la vivencia de la sexualidad únicamente al contacto genital, pero, además del placer, el sexo y las relaciones sexuales, la sexualidad comprende aspectos como el afecto y las relaciones humanas.

De esta manera no existe una sexualidad propia de un ser humano ni una manera natural e inherente de expresar o sentir placer. Lo que existe y lo que deberíamos revolucionar es aquel sistema que determina según una jerarquía de superior a inferior cuáles actos son aceptables en la sociedad. Esta norma, en una sociedad capitalista como la de los siglos veinte y veintiuno, tiene un interés en administrar la sexualidad a favor de un sistema laboral de mercado.

Es entonces ese “elemento histórico y moral” el que proporcionó al capitalismo una herencia cultural de formas de masculinidad y femineidad. Es dentro de ese “elemento histórico y moral” que está subsumido todo el campo del sexo, la sexualidad y la opresión sexual. El enfrentamiento entre niños indefensos y la vida social desarrollada de sus mayores probablemente siempre dejará algún residuo perturbador. Pero los mecanismos y los objetivos del proceso no tienen por qué ser en buena parte independientes de la elección consistente. La evolución cultural nos da la oportunidad de tomar el control de los medios de sexualidad, reproducción y socialización, y de tomar decisiones conscientes para liberar la vida sexual humana de las relaciones arcaicas que la deforman.

Una revolución completa no liberaría solamente a las mujeres: liberaría formas de expresión sexual, y liberaría a la personalidad humana del chaleco de fuerza del género.

Al igual que Judith Butler hago una crítica a ciertas estructuras sociales y al mismo binarismo, la lógica detrás de los binarios plantea oposiciones en vez de negociaciones y consensos, además jerarquiza: Bien/mal, ganador/perdedor, hetero/homo, hombre/mujer, jefe/empleado. Cada uno de estos pares viene con una relación social de oposición. Así es muy difícil proveer espacio para relaciones alternativas, relaciones en donde ceder puede ser crecer y no perder.

La competitividad de los pares entre si estructura un sistema donde se rechaza el dialogo. Se naturaliza a estos binarios como ciencia cierta y la construcción social de estas relaciones se disfraza.

Ninguno de los binarios debería ser opuesto o contrario, podría ser: vecino, simbiótico, complementario, y muchas otras posibles relaciones.
Ahora…

¡Vamos a hablar de sexo! Pero… ¿Sabemos lo que es?

El sexo ¿se hace? ¿Se tiene? ¿Se usa? ¿Se disfruta? ¿Se vive?…

¡Ojo! El sexo no es todo eso, es algo QUE “SE ES”: Las personas somos sexuadas, somos hombres y mujeres. Lo que tenemos no es sexo, son órganos genitales o zonas erógenas. Lo que hacemos tampoco es “el sexo” sino actividades o relaciones eróticas (sexuales, como solemos decir)

Son homosexuales las personas que se sienten atraídas por gente de su mismo sexo, y heterosexuales las personas que se sienten atraídas por personas al sexo opuesto.

¡Cuidado! Estamos hablando de vivencias, ¡no de conductas! Una persona no es más o menos homosexual porque tenga más relaciones con gente del mismo sexo, sino porque se viva a sí mismo de esta manera. ¿Hay unos mejores que otros? ¿Hay algunos más normales?

¡NO! Cuando hablamos de sexualidad no nos referimos a lo bueno, lo malo, ni a lo normal o lo patológico… ¿De qué hablamos entonces? De Respeto.

Cada uno tiene que respetarse a sí mismo, sus propios gustos y preferencias, pero también a nuestra pareja y a los demás. Lo importante es saber que todo el mundo tiene derecho a disfrutar de su sexualidad y de sus relaciones ¡todos los deseos son igual de válidos!

¿Y respecto a las relaciones sexuales qué? Y ahora sí: lo que se hace, o lo que se desea, es la conducta, aquello mediante lo cual expresaríamos todo lo anterior:

Es lo que más suena, de lo que más hablamos, lo que aparece en la televisión, los libros, las revistas… Y sin embargo, es muy difícil entenderlo sin hablar antes de sexo y de sexualidad.

Es importante saber cómo somos y aceptarnos a nosotros mismos para poder disfrutar de nuestras relaciones. Para ello, nada mejor que vivirla de una forma coherente: expresar lo que queramos, cuando y con quien nos apetezca.

En ocasiones nos confundimos y tenemos la sensación de que no lo hemos pasado bien, aunque hayamos hecho exactamente lo mismo que otr@s, y efectivamente lo importante aquí no es las cosas que hagamos, sino cómo lo estemos viviendo.Por eso, lo que a unos les resulta placentero, a otros les aburre o les disgusta y lo que un día podemos disfrutar a lo mejor no lo hacemos en otro momento.

La erótica, ¡eso sí!, tiene infinitas posibilidades, y cuando hablamos de relaciones, todas valen, siempre que no haya nadie en desacuerdo, unas cosas pueden parecer más raras o menos frecuentes y muchas de las prácticas que nos pueden gustar no saldrán en las películas, pero aquí solo hay una regla: “Las relaciones están para disfrutarlas”

Tanto si se tiene pareja como si no, las relaciones eróticas son igual de válidas. Tanto si se realiza el coito como si no, las relaciones eróticas son igual de completas. Tanto si se tienen orgasmos como si no, las relaciones eróticas pueden ser placenteras.

Para disfrutar con lo que hacemos no hay trucos ni recetas, cada persona es única ¡Y aquí se nota! ¡Es imposible que nos gusten las mismas cosas! Por lo tanto, más que seguir indicaciones, es importante buscar nuestro camino, pues cada persona tiene uno distinto.

Por Carolina Herrera

Twitter: @CarolaOla88

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