Carta al arte

Carta al arte

 

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Uno es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores. Uno es una suma mermada por infinitas restas, menciona el escritor y traductor mexicano Sergio Pitol.

Carolina Herrera Irurita

Carolina Herrera Irurita

Entonces el ser humano comienza a entender que su alma también está compuesta de fibras  de  música y  letras,  que somos es el olor a la comida que nos recuerda la infancia y nos convertimos en un sin número de expresiones artísticas que hacen del arte una pieza reconstructora de lo que somos,   de lo que hemos dejado de hacer y de lo que quizás seremos o anhelamos ser. El  arte se convierte  entonces en  ese espacio único donde los sueños  se tejen unos con otros y no existen límites, y se transforma en  luz,  porque  ilumina la condición humana, de alguna manera es un gran esfuerzo por encontrar un significado a la existencia, proporcionando un sentido de permanencia.

¿Quién no se ha sentido iluminado por una buena melodía, un poema que toque fibras,  o un libro que revele secretos que todos compartimos en silencio? ¿A quién el arte no le ha calentado el alma?

“Amo el arte y particularmente el cine, considero al trabajo como una mera necesidad y a aquellos que no aman su trabajo como quienes no saben vivir. Tres películas por día, tres libros por semana y la música de los grandes me bastarán hasta el día de mi muerte a la que temo”. “El cine es el rey supremo“, afirmó  Truffaut, (el mejor director DE CINE FRANCÉS, para mí, claro está).

Así como en la película de  “Ma vie sans moi” (Mi vida sin mí) de Isabel Coixet, constantemente me pregunto quién soy y qué sería de mi vida sin mí, entonces me detengo y pienso…“Esta eres tú, los ojos cerrados, bajo la lluvia. Nunca imaginaste que harías algo así, nunca te habías visto como… no sé como describirlo, como una de esas personas a las que le gusta la luna o que pasan horas contemplando el mar o una puesta de sol. Seguro que sabes de qué gente estoy hablando… o tal vez no. Da igual, a ti te gusta estar así, desafiando al frío, sintiendo como el agua empapa tu camiseta y te moja la piel, y notar como la tierra se vuelve mullida bajo tus pies y el olor, y el sonido de la lluvia al golpear las hojas. Todas esas cosas que dicen los libros que no has leído. Esta eres tú, quién lo iba a decir… tú.”

Y a la literatura le debo en gran parte de lo que soy, que sería de mí sin poder encontrar en los libros de aquellos grandes  eso que constantemente he  intentado buscar dentro de mí, el escrito Héctor Abad Faciolince me recuerda en su Tratado de Culinaria Para Mujeres Tristes que soy esas ganas de huir, de salir corriendo cuando alguien muestra que empieza a conocerme, aunque no me revele. Ese vértigo de quedarme. Esa indomable sed de alguien y de no estar con nadie.  De envolver las caricias en palabras.  Esas ganas de cambiar sin renunciar a nada.  Esa hambre de imposibles.  ¿Cómo pensar en esta confusión contradictoria?  Es verdad y mentira, está bien y está mal y no hay salida.  Tomarse un vaso de agua.

Y es así como el cine, la literatura y todas las artes nos otorgan el poder de soñar de reconocernos y reconstruirnos en lo que escuchamos, leemos o quizás simplemente anhelamos. Entonces sólo pido que el arte haga de mi una mujer serena, dentro de mi propia turbulencia y excesos, sabia dentro de mis límites pequeños e inexactos, humilde delante de mis grandezas. Que me permita ser madre, hija, amiga y hermana. Que  me permita enseñar lo poco que sé y aprender lo mucho que no sé. Respetar incondicionalmente el ser; el ser por sí solo, por más nada que no pueda tener más allá de su esencia.  Que  me permita auxiliar la soledad de quien llegó, rendirme al motivo de quien partió y aceptar  la alegría de quien quedó. Que en el arte siempre me pueda reconfortar.

No es depresión ni melancolía sólo pienso que es justo hablar y escribir acerca de esos seres y cosas que amamos. Porque el día a día se convierte en un continuo arte: Inspirarte, empoderarte, amarte, respetarte, considerarte.

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