Carta de un desconsolado

Carta de un desconsolado

Sebastián París

Sebastián París

Hola tú, quien fue un día el amor más preciado de mi vida. Quién tal vez, siga siendo el mismo amor toda mi vida.

Los motivos por los que te escribo una nota, no los entiendo, mentiría si sólo dijera que se trata de un agradecimiento, que bien merecido tienes, por ser sencillamente ese amor que transformó mis días, mis pensamientos, y me enseñó que no había nada mejor que ser yo mismo. Y lo mejor de ser uno mismo, es velar por el bienestar de quién conquistó tu corazón. Entendí contigo, además, varias cosas: el primer amor está siempre destinado a alguien más. Un hombre siempre es un tonto. No habrá marca más temible que nuestros besos. Y como si fuera poco, aprendí también que nuestro propio corazón, nunca nos perteneció.

A veces, debo confesarte, que miro el cielo y deseo una oportunidad para hacerlo todo bien, como siempre deseaba en esos momentos que mi actitud te alejaba un paso más de mí. Pero entonces, como siempre que lo miro, el cielo me responde con su silencio: “¿Cuántas oportunidades más necesitabas?”, y es verdad, cada una de ellas las deseché por miedo afrontar mis emociones, una sola: yo te amaba. Amaba compartir contigo, desnudarte en media luz y suspiros, amaba escucharte reír, incluso, amaba pelear por subjetividades de nuestros propios pensamientos, los cuales fueron siempre diferentes. Hoy lo demuestras tú, con tu decisión, y lo demuestro yo, con una carta de amor asumiendo que no soy yo, quien hoy te viste de novia.

No puede reprochar nada de ti, hiciste lo mejor que pudiste, y yo, en cambio, hice lo mejor que sabía hacer; amarte y dejarte ir. Siempre creí en la libertad, tú la perdiste, y yo te perdí con ella. Es una penosa verdad, de la que me avergüenzo, debo decírtelo. Pero de la que no me arrepiento. Siempre quise hacerte saber que en la vida, permanentemente tienes opciones. Tú, hoy, amor de mi vida, elegiste la tuya. Y yo… te aplaudo. Ignora las lágrimas que caen sobre el papel, yo te felicito por encontrar la felicidad.

Quiero reconocerte además, que a pesar de que conociste lo peor de mí, y yo conocí lo peor de ti, nos aceptamos, nos quisimos, y nos respetamos. El problema radicó en esa ley universal de la vida amorosa, la cual resumo así:

Tu primer amor no sólo rompe tu corazón, marca tu vida y te enseña a ser tú mismo, sino, además, como te dije en esta carta antes, está destinada a otra persona. Siempre a otra persona. Los hijos que soñamos, hoy, quizá, tengan otro padre, pero yo los querré porque tienen tu sangre.

Asimismo, la ley universal del amor, dice que existen varias clases de hombres: La clase de hombre que no soy yo, y que seré en un futuro, una estabilidad inmemorable que buscará cualquier mujer. De tanto, seguiré siendo de la segunda clase de hombre, un amor de esos, que enseña, no se olvida, pero se muere.

Desde un lugar que no reconozco, donde distingo las desilusiones de mi pasado y la felicidad por tu felicidad, te escribe el que un día fue amado.

Firma:
El amor de tu vida.

Por Sebastián París
sebastiam@hotmail.fr

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