¡Chao redes sociales!

¡Chao redes sociales!

COLUMNACHAOREDESSOCIALES

Por María Camila Trujillo
@MariacamilaT

Es un hecho. La vida del sujeto contemporáneo ha sido permeada por los avances de la tecnología e indiscutiblemente, nuestras relaciones interpersonales están mediadas por redes, algoritmos y cadenas virtuales que nos conectan y desconectan en un sinfín de posibilidades. ¿Qué tanto dependemos de estas redes? ¿Son tan significativas en nuestra cotidianidad que ya no podremos librarnos de ellas?

Tener celular con aplicaciones de redes sociales es el paso deliberado a la disciplina, que ni años de colegio, ni semestres de universidad, ni tiempo de trabajo han generado antes. Es incorporar sistemáticamente la costumbre de revisar el celular todo el tiempo, de estar pendiente de la mínima vibración o el menor sonido que emite, para no perderse ni un instante de lo que pasa en la virtualidad donde coexisten nuestros Álter egos.

Si uno hace la aproximación de cuántas acciones ha interrumpido por la fijación a la pantalla, el resultado es aterrador. El sueño, las comidas, las clases, el deporte, las conversaciones, las fiestas y en el peor de los casos, los viajes, se irrumpen abruptamente por ese sonidito repetitivo y generalizado, que hasta nos confunde cuando proviene de otro celular y que con el tiempo nos desespera pero no podemos dejarlo.

Y entonces, sin que haya situación específica o persona que lo amerite, el día se va congestionando de palabras, imágenes, notificaciones, invitaciones, videos y memes, que aunque llegan a entretener, también fastidian y en lugar de potenciarnos la creatividad, nos la reducen a reproducir contenido basura.

Los prosumidores (productores-consumidores de contenido) sabrían bien que son justamente las dinámicas horizontales de la web y las redes, desde donde se puede empezar a generar cambios en la estructura de la información, en la difusión de la creatividad y en el empoderamiento personal. El problema es que no todos somos prosumidores y por lo mismo, con el uso malogrado que hacemos de las redes y los contenidos, terminamos reduciendo nuestras dinámicas de interacción social.

Hablando de manera personal, mis intentos por autoregularme en el uso infructuoso de redes sociales no han tenido mayor repercusión. Ver invadida mi intimidad por tantos comentarios tóxicos, fotos pixeladas y frases sin citar, es la razón por la que resolví (además de eliminar a unas cuantas personas de mis redes) bajarle al mal uso de redes sociales. Lo primero que haré será desligarme por una semana de todo contacto virtual, para comprender durante el proceso, qué tanto es innecesario y de qué tanto me puedo despojar. Por ahora, ¡chao redes sociales!

*Los resultados de este experimento será publicados más adelante.

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