#Columna: EL PRIMER MILLÓN

 

EL PRIMER MILLÓN

 

Seguramente la mayoría de vosotros estamos viviendo la maravillosa etapa de los 20’s o estamos muy cerca de ella. La idea es aprender y reírnos juntos de lo que se vive en está, la década más linda de nuestras vidas.

En un abrir y cerrar de ojos saltamos del colegio a la universidad y mientras pensamos en ¿Qué hacer con nuestro primer millón?, nos están organizado la toga y colocando el birrete, para en cuestión de momentos recibir un diploma que certifica que ya somos un profesional,  que posiblemente vayamos a enlistarnos con otros cientos de jóvenes en las planillas de profesionales en busca de oportunidad laboral.

Lo cierto es que no siempre es así. Un pequeño porcentaje de los jóvenes que cada año se gradúan como profesionales cuentan con un empleo justo al momento de recibir este honorable cartón, y otros tantos cuentan con las dicha de encontrar pronto un empleo y ganar ese utópico primer salario “el primer millón”.

En mi caso yo fui una de esos recién graduados que tenía ya un empleo al momento de oficialmente ser una Comunicadora social, la dicha no duro siquiera el año pero las experiencias y los aprendizajes adquiridos en esos 10 meses valieron toda la pena.

Cientos de jóvenes estamos en las estadísticas del DANE punteando la planilla de desempleo juvenil en Colombia; y es que realmente se complica bastante la situación,  si no es la falta de experiencia es que estas sobre perfilado para el puesto, y si no es esto son múltiples las razones y las excusas que existen y dificultan la ubicación laboral.

Sin más que un diploma archivado en casa y las ganas de empezar a laborar entramos en esa etapa de desespero, o por lo menos así me paso a mí. Entre ires y venires de entrevistas fallidas, entre tantos No que recibimos surge la búsqueda de una segunda opción laboral. Empezamos a pasear entre segundas opciones como vendedores, auxiliares, call center, meseros y un sinfín de ofertas para las que incluso en algunos casos se dificulta la contratación y empezamos a sentir un poco lejos la idea del “primer millón”, la idea de ubicarnos por fin en algo.

No voy a dar cifras ni a tirarle más pulla a la ya deficiente oferta laboral que existe en nuestro país para los jóvenes profesionales. Pero lo que si voy hacer antes de irme es decirles esto: Los veinte son quizá la etapa más experimental y un poco sufrida de nuestras vidas, esta el primer empleo, la independencia, las deudas (en mi caso el Icetex, pero de eso hablamos luego), la presión social por ser y hacer algo.

¡Y estamos nosotros! jóvenes llenos de entusiasmo, de sueños, conocimientos, empezando a acumular experiencias. Esto no es más que una parte del camino que se debe cruzar para llegar a donde queremos,  y mientras eso sucede sonriamos a cada no que nos digan que de todo, créanme de todo se aprende. Además Hector Lavoe  nos recuerda que pronto llegará el día de nuestra suerte.

 

 

 

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