#Columna: Querido robot de Google

 

 

Querido robot de Google

 

Cali, agosto 21 del 2018

Querido robot de Google

Primero, quiero agradecerle sus años de servicio constante, es verdad que gracias a usted, nuestra vida se ha hecho más sencilla. Usted piensa con la rapidez del cerebro humano y eso nos quita el agobio de utilizar el propio. No me malentienda querido señor, yo mismo soy un usuario destacado de la mayoría de sus redes, y de las redes de sus amigos. Al parecer, todos ustedes utilizan las mismas estrategias, y sé, por experiencia propia, que a muy pocas personas les interesa la forma en que ustedes actúan. Siempre es más fácil adaptarse, que morir.

El motivo de mi carta, Google (¿me permite que lo trate de tú? Después de tantos años lo considero casi como un amigo) es que no me encuentro muy contento con sus formas de proceder. Desde hace mucho, has conquistado nuestro mundo físico y nos obligas (la palabra no es obligar, pero cómo decirlo de otra manera) a aprender y manipular tus plataformas, a nuestra conveniencia, para tener más visitas, más ojos ávidos de información rápida, de consumo inmediato. La situación no sería del todo alarmante si no lo hubiéramos aceptado, pero lo hemos hecho sin ninguna vacilación.

Sé que tratas de cambiar cada tanto para que no descifren la forma en la que actúas, es importante mantenerse en movimiento para sobrevivir. Sin embargo, ¿no te parece que pagar para destacarse en una búsqueda es algo triste y desesperado? Sé que dirás, porque me imagino que si puedes utilizar los micrófonos del computador para escucharme y brindarme productos, podrías responderme de alguna manera, que de algo se debe vivir en este mundo de infortunios, y no te lo niego.

Quizá no eres tú y tus prácticas lo que me molestan, quizá es nuestra pasividad ante todo. Nuestro “así son las cosas, qué le vamos a hacer”, la familiaridad con que decidimos tomar como propias, prácticas cuestionables.

Tal vez me sobrepase con esto que estoy escribiendo, a fin de cuentas, has logrado que se forme una nueva raza de publicistas, carreras, talleres y especialista en cómo mejorar las búsquedas que tú asocias, y esto no es ningún delito. Lo que me molesta, es que, y perdona mi franqueza, internet se vuelva un océano siniestro, donde pequeños textos, vídeos o expresiones libres, no sean vistas debido a la cantidad de personas dedicadas a posicionar su marca en tu buscador. Lo mismo pasa con YouTube, uno de tus hijos, que funciona con tendencias, y termina sugiriendo contenido de usar y tirar.

No es que no te quiera, realmente aprecio tu aporte a nuestras vidas. Quizá no quiero en lo que tú y tus amigos nos han convertido, quizá verte todos los días, es ver esa realidad con la que tenemos que vivir y no entendemos bien. Quizá todo esto sea una retahíla sin sentido, que se perderá en el mar de publicaciones posicionadas.

Señor robot, le pido encarecidamente (aunque esta petición quede en el aire) que la gente pueda recibir el contenido que pide y no sólo lo que usted quiere, y por el cual han pagado. No se comporte como un niño malcriado, que solo comparte sus juguetes dependiendo de quién le cae bien. Mire que muchas personas ya conocen sus técnicas, y las universidades, e institutos, están llenos de ávidos titiriteros de sus tácticas. Señor robot, no haga que los escritores tengamos que acoplarnos a sus necesidades, deje volar libre la imaginación, para que en el futuro, siendo usted el guía de la base de datos más grande del planeta, pueda dar una muestra clara de lo que éramos, y no sólo hable sobre quién pagaba más, para hacerse visible.

 

Atentamente, Jorge Sánchez Fernández.

 

 

Querido robot de Google:

 

 

Comments

comments

Leave a Reply