¡Ay Colombia, como me dueles!

¡Ay Colombia, como me dueles!

Uno se va del país unos cuantos meses y comprende esa nostalgia que le da a todos los que viajan lejos de su tierrita y su gente. Aprende a apreciar las cosas a su alrededor, la deliciosa gastronomía, el calor de la población, el sabor de su café e incluso el clima de esa bella Colombia. Pero, no solo las cosas ganan valor, el amor también aumenta, hasta el punto de hacerte sentir tanto alegrías como tristezas, despertando la inexplicable sensación de un vacío profundo en el pecho cuando miras desde afuera como el país que te vio nacer se está yendo sin remedio al abismo de la decadencia.

Es vergonzoso, saber que un momento estás inmerso en el problema y se vuelve normal vivirlo, como por inercia, y que al otro, de golpe, te conviertes en un espectador y abres los ojos al panorama nacional e internacional de los conflictos que se tejen alrededor de nuestra patria… y es que consultar medios y redes sociales para darte cuenta que el mierdero persiste es abrumador y más, cuando a pesar de estar a miles de kilómetros de distancia, la situación te afecta tan directamente que sientes frustración e impotencia de no poder hacer nada por el país que tantos recuerdos te ha dado y por el que mueres emocionalmente cada día, al paso de acumulación de decepciones a través de los años.

¡Que protestas, paro de cafeteros, campesinos heridos, policías abusivos, profesores asesinados, leyes inútiles, políticos estafadores de ilusiones, y una maldita falta de memoria colectiva!… por eso dicen que somos uno de los países más felices del mundo, olvidamos fácilmente, nos la juegan 1, 2 y 3 veces y siempre ponemos nuestra mejor cara de pendejos y sonreímos, olvidando que tras nosotros hay un trasfondo amargo, violento y desesperanzador.

Y creo que nunca me había dolido tanto, no por un ataque moralista, sino porque ahora que no estoy viviendo en mi Cali, ahora que añoro sus calles y su gente, entiendo de donde viene la reputación homicida de nuestra Colombia, entiendo porque personas de otros lugares no quieren ir, y si ellos sienten miedo y consideran el hecho de conocer el país como una odisea, yo temo el triple, de sentir que no habrá un futuro para mis hijos, y no yendo muy lejos, que no habrá un futuro ni siquiera para mí.

Colombianos dejemos la demencia, no es cuestión de bueno y malos, de divisiones absurdas, es  un problema de todos… nuestro país es hermoso y por eso mismo hay que rescatarlo, cada uno de nosotros tiene adentro la capacidad de generar un cambio, cada uno de nosotros puede, y solo si quiere, construir una mejor sociedad, dejando de lado el conformismo y la resignación a no reclamar un país que se nos está volviendo ajeno, donde vivimos prestados, pagando a sueldo con injusticias, desigualdad, pobreza, hambre y lo más importante, muerte.

Y sí, esto es un nudo en la garganta que tenía que vomitar de alguna manera, haciendo una petición de paz, con amor nostálgico, para mi querida y dolida Colombia.

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