¡Túpac Amaru, no ha muerto!

¡Túpac Amaru, no ha muerto!

¡Revive en cada lucha indígena, en cada acto de soberanía de los caucanos!

Es 1781,  en la plaza de la ciudad de Cusco, Perú, el legendario héroe Inca Túpac Amaru, es desmembrado pedacito a pedacito, por los invasores españoles. Con su muerte, desaparece durante mucho tiempo, la esperanza de emancipación del pueblo indígena de la tiranía de los blancos. La historia parece confirmar, que en verdad los europeos sí superan en algo a los aborígenes: los superan en maldad.

Dos siglos después, el indio sigue sufriendo esta tiranía. Claramente, esta ya no se expresa en el desmembramiento; la civilización de los “caras pálidas” ha perfeccionado sus métodos de crueldad. Esta opresión se expresa en el desalojo sistemático de sus tierras, que sufren las culturas precolombinas a manos de los representantes del Estado. En Colombia, este desalojo resulta en la desaparición de la cultura indígena, y en lo que es peor, en el empobrecimiento de los miembros de estas culturas. La miseria es como una rechoncha señora burguesa, que día a día es engordada y alimentada, con las desgracias de los “hijos de pacha mama”.

Hace unas semanas, nosotros los  colombianos, no salíamos del asombro por lo que estaba ocurriendo en el norte del Cauca. Estos “caritostados” se atrevieron a desafiar a la autoridad del Estado en esas zonas. Los medios de comunicación, se empeñaron en mostrarlos de nuevo con lanza en manos y taparrabos, como salvajes. Eso sí, no dieron a comprender el porqué de estos actos; no mostraron a la opinión pública que el Estado en esas zonas, es un factor de inseguridad, más que de seguridad; que los soldados, se divierten más volándoles los sesos a algún joven de Toribío, bajo el pretexto de pertenecer a la guerrilla; o violando a una apetecible indiecita, que brindándoles un bienestar a la población.  Esto es lo que la mayoría de gente desconoce, parece que el Estado, orgulloso de sus mestizos, considera a los indígenas como una molestia para su proyecto de País.

La situación es clara, el gobierno a través del ejército quiere “limpiar” los vastos y ricos territorios del cauca, para que multinacionales extranjeras extraigan toda la savia de estas tierras benditas y las sequen, pero ¿con qué derecho?, ¿Quién dijo que los ‘no’ indios eran dueños de esos territorios? La tierra es de quien primero la coloniza, por lo tanto ese territorio caucano les pertenece por derecho legítimo a los aborígenes. Por eso los  nativos al estar rechazando la presencia del ejército, están rechazando la presencia del intruso, del conquistador que se abre camino a través de la selva, con un crucifijo en una mano, y un AK – 47 en la otra.

Debido a lo anterior, me solidarizo con los indígenas del cauca; creo que su desafío al Estado se justifica, es la expresión de un resentimiento que se ha guardado por 500 años, y que ha explotado en las últimas décadas. ¡Túpac Amaru, no has muerto, revives en cada lucha indígena, en cada acto de soberanía de los caucanos!

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