¿Eres imprescindible?

¿Eres imprescindible?

¿Acaso crees que tus jefes adoran tu trabajo, y que todo el tiempo piensan que la compañía dejará de funcionar si tú te vas, o si te incapacitan, o si tomas tu año sabático y te da por armar revuelo en el sindicato por cualquier comentario de pasillo? Estás muy equivocado queridísimo lector, de hecho, es muy fácil reemplazar a alguien, sobre todo en una cadena productiva. Gente queriendo trabajar, eso es lo que hay, gente que reemplace una labor sencilla o complicada, de sobra, es más, las empresas se pueden conseguir a alguien mejor y entonces ni modo con aquello de siempre tendré allí las puertas abiertas.

Está bien que hagas bien tu trabajo, y que tus jefes te den palmaditas en el hombro y se sientan contentos, pero no te confíes, no subas los pies en el escritorio, mejor dicho, no de papaya, no le busque la pata al gato, porque casos se han visto y camarón que se duerme…

A lo que voy es que hay como unos síntomas, cosas que te pueden poner a dudar si es que los jefes ya te quieren dar de baja, física ‘chumbimba’ laboral. Por ejemplo aquello de trasladarte. Estás de lo más bien en aquel puesto de ventas con computadores aquí bien cabrones, y de repente te dicen que van a abrir otro local (en la damier) y que necesitan gente emprendedora, que conozcan la filosofía de la empresa. Te das cuenta al llegar que acaban de abrir una sucursal de mediopelo con dos equipitos que andan a carbón y la niña de ventas tiene una verruga inmunda en la nariz.

O llega el nuevo. La tortura de todo trabajador es el pinche nuevo que viene con todas las pilas recargadas, con todo el ánimo, dispuesto a trabajar más a menor costo. Y ahí te joden porque cómo pagar las tarjetas y la hipoteca y los sanduchitos de mediodía. Paila, toca ponerse ready, vigilar la zona, es cuando sientes una energía extraña, densa, oscura por encima de tu hombro y ¡zas¡ Claro, el morrongo del nuevo que mira con lascivia tu posición, tu jerarquía, tu trayectoria, esas cosas que a los jefes les importa un bledo. La ley del monte es más por menos. Si tú no puedes por menos, el nuevo te abre del parche. Ah, pero si empiezan a hacerte el feo Javi, por fa le das tu oficina a Jhonny y te trasladas al tercer piso, gracias y tu resignado con la cajita a acomodarte como puedas en el tercer piso en ese muladar de mala muerte, el colmo porque quién sacó adelante a esa empresa ¿ah? Quién les tendió la…

Les vale madre, ya te lo dije. Así que ready, alerta. Consejos: sé atento, dispuesto, cumplidito. Derechito, regio servicial (lambón si puedes). A lo que pidan hazlo, sin renegar. Maneja la relación con los nuevos con la humildad del caso, mostrando interés pero a la vez marcando territorio. Y por último deja el relax, de ver Facebook en los ratos libres y de rascarte la nariz cuando el jefe tenga la cabeza pa otro lado. Ah, y por favor cualquier romance con las del servicio, por fa, cancélalo, terminante pro-hí-bi-do. Haz caso que en cierta medida, todos somos prescindibles, laboralmente hablando.

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