¿Por qué Bogotá tiene mala fama?

¿Por qué Bogotá tiene mala fama?

Yo soy “rola” a mucho honor y quiero mucho esta ciudad. Pero soy consciente de los múltiples problemas que tiene (como cualquier otra ciudad grande en el mundo) y entiendo a mis amigos de otra ciudad cuando dicen que Bogotá es “bonita pero maluca”. Sin embargo, quiero aprovechar este espacio para reflexionar sobre el por qué de esta mala fama y, por supuesto, para defender a mi ciudad.

Los problemas de Bogotá, ya sabemos, son varios:

–          El tráfico es un desastre: el sistema de transporte hace rato se quedó corto para los más de siete millones de personas que vivimos aquí y es peligroso para todos, incluidos los peatones.

–          Es insegura. Sin importar la hora o el sector, hay que andar con mucho cuidado por la calle.

–          Es costosa. En general el costo de vida es más alto que en otras ciudades del país.

–          Es demasiado grande y las distancias convierten una simple diligencia en todo un paseo.

–          Vive en obras porque la planeación se hace a las patadas y se roban la mitad del presupuesto.

El habitante promedio de esta ciudad se queja de alguno de estos ítems más de una vez a la semana o incluso todos los días. Buscamos echarle la culpa a alguien: al gobernante de turno (que nosotros mismos elegimos), a los obreros, a los buseteros, al que sea. Y eso nos trae a otra de las cuestiones de mala fama de esta ciudad, la gente.

Aunque no somos todos, el bogotano promedio (nacido en o adoptado por la ciudad) vive estresado, es grosero, se la pasa criticando y participa de una cultura del “sálvese quien pueda”. Esto último se debe en gran parte a la desconfianza constante con la que nos criamos en esta ciudad. Muchas veces pasamos por groseros porque con tanta noticia macabra a uno le da miedo responderle a cualquier cristiano que le pregunte así sea la hora en la calle. Pero el colmo de todo es que nuestra desconfianza, sumada al estrés de una ciudad grande, y el creciente desinterés por asuntos que no sean los propios, nos han dotado de una indiferencia tan impresionante que ya ni nos inmutamos cuando vemos un atraco en la calle o cuando vemos que alguien en el bus necesita ayuda. Da pena admitirlo, paisanos, pero es verdad.

Nosotros mismos, habitantes de esta ciudad, nos encargamos de aumentar los problemas que tenemos. Nos dedicamos a desbaratarla, aunque mal o bien nos ha dado estudio, trabajo, familia, amigos o novi@, a punta de criticas encarnizadas, por un lado y de una desidia impresionante, por el otro; en vez de reconocer las cosas buenas que tiene y que a veces ni siquiera conocemos: la amplia oferta cultural, la variedad de espacios y de planes, los restaurantes, etc. Acá hay mucho por hacer, así que empecemos por dejar de criticar tanto, a ver si entre todos estos defectos, encontramos algo bueno en nuestra capital.

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