“Kirium”: el oso de Rock al Parque.

“Kirium”: el oso de Rock al Parque.

¿Recuerdan el oso en vivo y en directo del último Rock al Parque? (http://www.youtube.com/watch?v=Q6ScEWz2su0)

Yo sí.

Lo pasado pasó, pero lo penoso que queda de todo esto —para quienes nos interesa el metal todavía— no está tanto en que los presentadores se hayan equivocado de nombre, no. “Kirium” después de todo, es un buen nombre para una banda. Además a los de la banda brasilera Krisiun, (que sí existe) les debieron traducir el oso al portugués y seguramente se rieron ‘muito, muito’.

El problema no es que pensaran que la banda era extranjera, qué culpa tienen ellos que los de Inquisition tengan cara de gringos y se hayan ido hace rato de Colombia. La culpa tampoco es de la nena que les preguntó a los dos integrantes si eran hermanos, fue por los de twitter que querían saber y el cliente siempre tiene la razón.

Llega un momento en esa entrevista en que uno sinceramente piensa “estos manes, o se ahorcan con los micrófonos o hacen la de Ozzy y el murciélago con el presentador”

Lo que de verdad pone a pensar un oso de estos es: ¿Realmente todavía queda gente que escucha metal en Colombia? Y no, no me refiero a los que sí; que conocen la diferencia entre Krisium e Inquisition, que hubieran aprovechado la entrevista para hablar de los inicios de la banda en Cali, en vez de preguntar cosas enigmáticas como “¿cuál es la puesta en escena de Inquisition en esta región de Suramérica?”

En realidad me refiero a esa porción de gente que sabemos que siempre ha girado alrededor de la “escena”. Encamisetados, de tacheras agresivas, con chaquetas llenas de parches de bandas que apenas si han escuchado y de nombres que apenas pueden pronunciar. En últimas me refiero a esas personas. Y no, no me pongo de ningún lado. Yo apenas si compré un parche en mi vida, era de Metallica (me sirvió para explicarle a mi mamá por qué era erróneo decir “música metallica”)

Lo cierto es que no se puede negar que alrededor del rock y especialmente el rock pesado se ha tejido siempre una dicotomía del ser y el parecer que finalmente raya en la hipocresía y el absurdo.

Para qué mentirnos, existe gente así y el que esté libre de pecado que cabecee de primero. Si las cosas son así deberíamos dejar de engañarnos y quizá así nos evitemos esa cosa incomoda de hacer entrevistas donde ni siquiera el telepronter está bien cuadrado y a los presentadores si acaso les interesa realmente qué “aporta la banda con sus letras a la humanidad”. El largo de la cabellera del entrevistador no altera los resultados.

Deberíamos dejar entonces también de engañar a las bandas, de mover el pelo y hacer la señal de los dedos como si nos importara (después de todo Dio ya se murió). Digámosle a las bandas “apague y vámonos, recoja su batería. Dedíquese a la familia o a la palabra de Dios a ver si se salvan, que eso de los rockeros van al infierno en vista de los últimos acontecimientos no suena tanto a premio sino a amenaza”.

Sinceramente… larga a vida al rock and roll. A sus sobrevivientes.

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