56 Años De Juventud

56 Años De Juventud

¿No se han preguntado cómo ciertos viejitos bonachones sonríen más que una quinceañera y andan con más energía que los conejitos de Duracell? Y es que ciertos tíos, abuelos o papás, cincuentones, sesentones, setentones, cumplen a las mil maravillas la expresión “todos tenemos un niño en nuestro interior”. Con todo y sus barbas y canas, sus cerveceras barrigas y pieles honestamente envejecidas. Pero los he visto: como bailarines incansables de la vida, repletos de jolgorio, de chiste, de alegría juvenil.  ¿Cómo mantuvieron el color de sus tiempos mozos, el espíritu del juego, de la risa y la confianza descomplicada? Todas éstas, a mi parecer, características esenciales del ser joven.

La idea de la juventud, tan apreciada en estas sociedades consumistas de placer, se enriquecería muchísimo si pensáramos que va más allá del cuerpo. Por varias décadas el mercado se ha encargado eficientemente de ofrecernos  juventud en recetas, cápsulas, operaciones, revistas… No ha logrado convertirla en una aplicación de Iphone ni en la siempre añorada crema de Photoshop, pero ha sido eficaz en lograr que muchos asumamos, con cierto facilismo, infinita cantidad de propuestas materiales para pretender ser siempre jóvenes.

Doble error:

Obsesionarnos con un deseo que desafía la naturaleza de la vida

y reducir la juventud a un asunto corporal.

Pues por mucho que lo temamos, llegará el momento en que la ropa no nos ajustará; nuestros músculos revolotearán flácidos y nuestra piel se plegará inevitablemente sobre el rostro. Con el tiempo no veremos tan bien, no aguantaremos el mismo ritmo fiestero del pasado y hasta el sexo tendrá desazones inesperadas. Llegarán también deudas por pagar, una familia que mantener, negocios donde nos tumbarán, acuerdos y amistades que serán traicionados (y traicioneros), y nuestros padres sólo serán un bello recuerdo para nuestros hijos.

Aceptando entonces que tendremos que cambiar radicalmente nuestras rutinas, y que nuestro cuerpo cederá de una u otra forma a los desgastes del tiempo, ¿no sería bueno creer que la fuente de la eterna juventud yace en nuestro interior? ¿Que beber de ella no es sino pensar y actuar de un cierto modo, y dejar de lado los afanes y artificios de nuestra sociedad, que iguala estrictamente belleza y placer con juventud?

Creo que un elemento importante es la forma en que se toma la vida. Podremos estar endeudados, gordos, feos y canosos, pero nada nos arrebatará el derecho a sonreír frente a los malestares, o el derecho a seguir gozando de cada instante “insignificante”. Y será una decisión personal continuar siendo curiosos, no perder la eterna sorpresa o colorear con nuestra creatividad el día a día. Por mi parte yo querré seguir jugando, con todo y mi vejez, jugando y burlándome hasta de mi propia cara arrugada. Mucho más nos envejecería una existencia llena de amargura, decepción y dejadez, sin actividades o proyectos, sosa y aburrida.

Afortunadamente todo lo anterior mi padre no ha dejado de demostrármelo. No se cansó de inventarme disfraces estando yo pequeño, no se ha aburrido de hacerme bromas ni de prestarse para todo tipo de jugarretas; no deja de creer que está siempre “tan joven y bonito”, y sus energías en efecto, le desbordan. Hasta el infinito y más allá. Y si esto que he dicho tiene algo de verdad, tal vez algún día, como él, por decisión propia mis 20 años se extenderán hasta los 56.

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