Cali no tiene identidad

Cali no tiene identidad

Hoy amanecí con esa tristeza de quien no sabe quién es. Habrá a quienes les parecerá que descubrí que el agua moja, pero vale la pena profundizar en el tema a ver qué hacemos. Resulta que Santiago de Cali no tiene identidad. En cuanto a idiosincrasia, la ciudad no ha sido cuna de nadie sino hogar de adopción para inmigrantes de otras regiones del país y de extranjeros.  Por lo menos no ha gestado ningún colectivo que verdaderamente haga cultura propia. Es un popurrí “pluriétnico y multicultural”.

Cabe anotar, que quiero tanto a la ciudad, que entre valles me vio nacer, y que me ha ofrecido con cariño montañas, ríos, árboles monumentales y cercanía a lagos y a dos mares, que  difícilmente la abandonaría.

Pero debo reconocer que cuando veo turistas extranjeros, siento que encuentran en la ciudad una bonita mezcla de muchos países, nada esencialmente Caleño; ni la salsa, ni el sancocho, ni las empanadas.

Por ejemplo, la salsa nació en Nueva York, al mezclar ritmos caribeños con el jazz norteamericano. De ahí surgió el mambo y el chachachá.  El son, la rumba y la samba vienen de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana. El caso es que el ritmo salsero y las principales melodías llegaron ya inventadas.

Por otro lado, decimos que tenemos gastronomía autóctona. Pero ni Caleña ni Colombiana. El sancocho, el arroz atollado y las empanadas (fritas) vienen de España y Portugal. De manera que nuestros platos, de “caleños” no tienen nada;  si mucho el dibujo de la Negra Nieves que viene pintado en la vajilla.

Los edificios “iconográficos” fueron levantados de acuerdo a modelos europeos; el teatro Jorge Isaacs, El teatro Municipal, La iglesia de la Emita y todo alrededor de la plaza de Caicedo. Tanto es así que le damos un protagonismo sobrevalorado al perro del parque de San Fernando y al Gato de Tejada. Y eso que debe ser alguna alusión subconsciente al hecho que en cuanto a civismo, nos la pasamos como perros y gatos.

Sobre lo de “ciudad cívica”, aún no hemos podido erradicar el vandalismo, la delincuencia general, la ambición por la plata fácil, la corrupción en la política ni los altercados violentos por cualquier partido de futbol entre las camisetas verdes y rojas.

De manera que al final, de caleño no tenemos sino la lulada, el pandebono, el perro (San Fercho) y el Gato (Tejada); ahh, me olvidaba, y lo de contar con una panadería en cada esquina –eso sí paque pero es belleza-.

En fin, una vez desdibujada la falsa imagen puede ser el comienzo para construir una verdadera.  Ahí les dejo la inquietud.

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