Carpe Diem

Carpe Diem

No importa que ésta premisa haya sido reproducida 50.000 veces. El año pasado, para esta época justamente, decidí modificar muchos de los aspectos de mi vida. Lo mismo que uno hace siempre en los diciembres, y que con el transcurso de los meses, se da cuenta de que no lo llevó a cabo… Sin embargo, a diferencia de los años anteriores, esta vez las cosas sí cambiaron.

Y cambiaron, porque empecé a darle más oportunidad a los impulsos que a la excesiva racionalidad y miedo en el que me mantenía. Cambiaron, porque por primera vez, entendí que existen circunstancias perfectas y a la vez improbables que sólo se presentarán una vez en la vida, y que si uno las posterga para una “siguiente vez” jamás pasarán. Cambiaron, porque me di la oportunidad de vivir situaciones que siempre había deseado, pero que pensé que eran  intangibles. Y cambiaron, porque yo cambié.

Carpe Diem significa algo como “Aprovecha el día”, y aprovechar el día, disfrutarlo, no esperar el futuro para complacerse, sentir que la vida es corta y que si no se actúa rápido puede que no se actúe, fueron las motivaciones que me llevaron a cambiar. Lo anterior podría interpretarse de muchas maneras: académica, económica, espiritual, hedonistamente… lo importante es que acuda a lo que uno necesita para hacer de su vida algo más agradable.

Hace poco, leí un texto llamado “The Top five Regrets of the Dying” (Los cinco arrepentimientos de los moribundos), lo escribió una enfermera australiana, quien pasó gran parte de su tiempo con enfermos terminales y al final, reveló eso que tanto hace arrepentir a quienes ya no tienen reversa en el trayecto de sus vidas:

  • “Desearía haber tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí”
  • “Desearía no haber trabajado tan duro”
  • “Desearía haber tenido el coraje para expresar mis sentimientos”
  • “Desearía haberme mantenido en contacto con mis amigos”
  • “Desearía haberme permitido ser más feliz”

Recuerdo, que más o menos en noviembre del año pasado, vi la película “La sociedad de los poetas muertos”. Ya había leído antes el poema de Walt Whitman y había escuchado esa frase, Carpe Diem. Además, todo el tiempo, hay mensajes tanto explícitos como implícitos que sugieren eso: cambio, más intensidad en la vida o reconciliación del cuerpo con la conciencia. Lo curioso, es que aunque a veces son tan explícitos, uno los deja pasar.

Y entonces, una película que en otras circunstancias no hubiese significado nada, fue el detonante para que yo tuviera presente (quizá por primera vez en mi vida) que es verdad cuando nos dicen que la vida es corta. Como eso, pueden existir muchos factores que motiven a actuar; puede ser una canción, una conversación, una imagen, este post o una experiencia cercana a la muerte.

La cuestión es que quedan pocos días para que el mundo se acabe, y bueno, si no se acaba el 21, tarde o temprano a cada quien se le acabará. Por lo tanto, es hora de cumplir de una vez por todos esos deseos más profundos, improbables, añejados, orgiásticos o imprudentes, no esperen a estar en la cama de un hospital para arrepentirse de no haberlo hecho. Suerte con eso, Carpe Diem.

Comments

comments