Futuro de un niño caleño

Futuro de un niño caleño

CESAR

César López

Alejandro es el nombre de mi hijo. Nació el 18 de diciembre de 2012 en la Clínica Farallones de Cali, donde nacen muchos niños promedio de la ciudad. Tiene un poco más año y medio, y a partir de su llegada empiezo a recalibrar la brújula de mi vida. A través de él veo el futuro de un niño caleño en una ciudad que en la actualidad no ofrece las condiciones ideales para su desarrollo y formación como ciudadano.

Cuando salimos en familia los fines de semana y vemos a otros niños me preocupa quiénes serán sus amigos, pero por ahora quiénes son sus padres. En Cali es difícil saber quién es quién a simple vista. Porque muchos hombres y mujeres se visten como si actuaran en El Cartel de los sapos o Pablo Escobar El patrón del mal, sin que necesariamente tengan algo que ver con esa realidad. Pero no solo se visten, actúan como tal, en una ciudad afectada fuertemente por la narcocultura. Entonces me imagino a mi hijo compartiendo con ellos y me da escalofrío, porque no es una cuestión superficial, va más allá de la silicona y ‘las pintas’.

Con Alejandro empiezo a entender muchas cosas de mi niñez y de quién soy yo. Valoro mucho más a mis padres y familia, les agradezco por los principios que me inculcaron y educación a partir del ejemplo, que es lo que me define en la actualidad. Por esa razón trato y trataré de darle a Alejandro una educación que en lo posible le pueda dar herramientas para el futuro, para que valore lo simple y hermoso de la vida como el arte, la naturaleza y los animales. Pero cuando veo a la gente que no respeta los semáforos, que tiran basura a la calle y no respetan la fila, pienso que tal vez ésas personas también tienen un Alejandro y ése Alejandro puede ser amigo de mi Alejandro.

Entonces el hecho no está en refugiarse en club, buscar un colegio costoso y encerrarse en un centro comercial para evitar el contacto con la gente y la realidad social. El tema es que Cali tiene que tener espacios para los niños, para la gente, y que se debe invertir en las personas para que podamos subir nuestro nivel cultural y de convivencia, de tal forma que sea posible vivir en comunidad y sociedad como caleños. A pesar de todo nosotros paseamos en familia por la Ciclovía, visitamos parques como el del Ingenio, caminamos por el Boulevard del río y vamos hasta el CAM. Queremos que Alejandro sea caleño, un ciudadano y que viva la realidad, pero también que sepa que la puede cambiar. Nos falta mucho para tener una ciudad para la gente y no para los carros y unas pocas personas.

Y eso nos pone tristes, y a pensar sobre las familias que tienen que vivir de la oferta de la ciudad porque no tienen más. La mayoría de los niños caleños tienen que educarse en los colegios públicos, movilizarse en un sistema de transporte masivo con muchas fallas y recrearse en el parque de su barrio, si es que lo hay. Entonces nos damos cuenta que Alejandro es muy afortunado, así como mi esposa y yo lo fuimos cuando niños, porque de alguna forma pudimos y podemos escoger, y eso nos hace más conscientes de la realidad.

En la búsqueda de cómo mejorar nuestra ciudad necesariamente debemos pensar en el futuro y eso está representado por los niños. Pero también nos deben educar como padres que somos quiénes les damos el ejemplo y los argumentos para tomar las decisiones en sus vidas. El gobierno caleño debe pensar más en ese tema y brindar una ciudad para las familias, una oferta de calidad de lo público, una ciudad para todos los Alejandros y Alejandras de Cali, los niños caleños.

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