#ConfiesoQue

#ConfiesoQue

He empezado varias veces a escribir esta columna. He empezado, me he detenido, he borrado y no se si valga la pena hablar del reality show. Nunca me he sentido godo, de hecho soy bastante open mind, y eso de ser morrongo hace rato aprendí que no le queda bien a nadie (¿me oyeron Jessy y Laura?), pero definitivamente las cosas que pasan o más bien, que hacen que pasen en un reality show dan más que pena ajena.

Hace unos días por razones de fuerza mayor (lo juro) me vi casi todo un capítulo de ese reality en el que hay unos concursantes en el pasado y otros en el futuro y donde solo los separa una pared de vidrio desde la cual, como todo en la vida, los que no tienen velaran los lujos de los que sí; y a pesar de que en estos programas hemos visto mucho, ese día pasó algo que me dejó #WTF!

Resulta que uno de los participantes está llevando un expuesto y abierto amorío con una de sus compañeras, hasta ahí la cosa es complemente normal porque a lo largo de la historia del reality en Colombia ya se nos han echado más de un polvito en pantalla, casi todos enmarcados en la elegancia del nightshot. Con lo que ese pobre ser humano no contaba era con que la producción le metería al programa a la EXnovia con la cual se iba a casar y había terminado solo unos meses o semanas antes de entrar al show. ¡Qué Show!

La verdad es que hay muchas cosas que entiendo y otras que no. Entiendo la posición del medio, los concursante dieron papaya y ese pantallazo del que están gozando en horario Triple A tiene su precio. Ellos son la carne con la que atraen a los cerdos que apenas se sienten a degustar, se darán cuenta que no hay más que bagazo. El medio tiene y sólo quiere hacer plata y ahí, en la pornoTV, la hay.

Lo que no entiendo es en qué PUTrefAccioneS está pensando la persona que entra a un reality sabiendo que ella y la perniciosa audiencia han visto cómo su ex anda de cariñitos con otra, ¿A qué entró? Eso no tengo forma de entenderlo. No veo en qué momento es más importante inscribirse en la larga fila de “aspirante a famoso” que razonar con consciencia, pero ante todo con un poco de dignidad.

Sin embargo, si de dignidad se trata, parece que somos dignos de recibir lo que esta clase de programas nos dan. De hecho, somos la gasolina que pone al aire realities cada vez más burdos y absurdos, ¿o alguien va a decir que sentarse frente al televisor a ver el regreso de Sandra Muñoz a la pantalla chica no es perder el tiempo?… perdón por los sub-20 que no saben de quién estoy hablando.

¡En fin! Ojalá nos cansemos rápido de morbosear las dichas y desgracias de otros a través de la TV, para ver si así, por estas mismas cuestiones de la moda, nos llega otro formato menos insultante… Aunque lo veo difícil.

 

Comments

comments