¿Cuándo nos aburriremos?

¿Cuándo nos aburriremos?

Al aburrirse de alguien (o de algo), tendemos a deshacernos de él. Nos fastidia hasta tal punto que no queremos saber nada más, porque se ha convertido en otra carga. Sea la novia intensa, el amigo recostado y mala paga, o simplemente un trabajo, un bussines, el gato, el reloj despertador, el arroz con huevo de todos los días, al liberarnos de esa carga, nos sentimos livianos, como flotando y hasta se puede descansar y tener un breve lapsus de paz.

Cuando nos deshacemos de lo que nos aburre, modificamos parte de nuestra vida, o por lo menos dejamos de portarnos de cierta manera, porque hay un vacío, algo que necesita ser ocupado, o una nueva fortaleza que brota de ese estado, una idea, algo innovador. Se gesta en el individuo una revolución interna, un deseo de explorar, utilizando ese motor de nafta que nos da la calma y el control de nuestras emociones.

Ha sido también el caso de la mayoría de las revoluciones sociales. Los pueblos se aburren, se presentan de forma contextual ciertos factores que influyen en jugadas políticas, militares, estratégicas. La mayor parte de ellas brotan de acciones aisladas, pero son respaldadas por una inmensa mayoría, cansada de muchas cosas, pero en sí, del orden establecido, de la postura conservadora y retrograda de quienes se han enquistado en el poder.

La separación de Panamá, por ejemplo. Enrolados en una guerra absurda, y con la inmadurez política que nos caracteriza desde el momento en que Colón aceptó traer consigo a ladrones y asesinos en su expedición, nuestra eterna Patria Boba se enfrascó en el conflicto bipartidista más sangriento de nuestra memoria, la Guerra de los Mil Días. El pueblo panameño, desinteresado de su nacionalidad colombiana, y esperanzado, más que en la guerra absurda, en la posible construcción del Canal por parte de los gringos, vivió una época precisa para el descontento general, sobre todo cuando el congreso de Colombia se las dio de digno, y no quiso ratificar el acuerdo del Canal con USA, argumentando pérdida de autonomía, cosa que no les importó por medio siglo, pero que dada la coyuntura, servía de excusa perfecta para agrandar aquella moral colectiva que tanto nos venden; pero los panameños se aburrieron, se mamaron y se abrieron del parche.

El clima de conformidad, en nuestro contexto inmediato, debería ser nulo: una economía dando pasos en muletas, condiciones laborables esquivas, la inseguridad, la corrupción, la falta de oportunidades, de políticas de inclusión, el conflicto armado eterno, clientelismo. Basta abrir la ventana para ver una sociedad en pleno caos; puede que desde ciertas ventanas no sea así –como ciertos apartamenticos al norte de la ciudad, just sayin’ –pero es más la población que hoy en día enfrenta condiciones adversas, que los que, disfrutamos de ciertas comodidades, diríase, propias de una burguesía emergente.

Pero los medios oficiales nos venden una imagen diferente de nuestra nación, una imagen refractada de la realidad. Se nos crea pues el clima propicio para una conformidad colectiva, un me da igual ante lo inhumano de los titulares, violaciones, secuestros, matanzas, asesinatos, corrupción, parapolítica, deportes, Messi, Laura Acuña. Me pregunto al caminar por las calles, al mirar los informativos, la prensa, al detenerme en un punto de nuestra historia ¿siempre será así? ¿Cuándo nos aburriremos?

 

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