Cultura Ciudadana

Cultura Ciudadana

Dicen que la “sucursal del cielo” fue modelo de cultura ciudadana. No se sabe hasta donde es real tal afirmación. Yo era muy joven cuando supuestamente Cali respiraba cultura cívica; o quizá no había nacido.

Cali ha sido paradisíaca por su topografía, por su variedad paisajística, por su clima, por la brisa del atardecer; condiciones del contexto natural pero no tanto por la calidad de sus habitantes. Si me remonto a mis primeros años, Cali era conocida y modelo era en el desarrollo de negocios, legales e ilegales, sobre todo aquellos de “alto riesgo”; de siembra, cultivo, transporte y venta de la maricachafa. Probablemente todo esto ocurría bajo un marco de mucho civismo pero de eso no me acuerdo.

De una u otra forma, la historia nos dejo sumidos en un caos social que nada tiene de ciudad cívica. Precisamente, actividades ilegales como lo es el narcotráfico, nos dejaron una herencia de malos hábitos; del “camino fácil”, aquella del dinero rápido, la despreocupación por el prójimo; corrupción, agresividad, individualismo imperante y visión inmediatista o ausencia de visión. Estas variables conforman el caos social que estamos viviendo en la actualidad.

Es un hecho que la ciudad necesita un cambio actitudinal y de comportamiento en lo más profundo de cada uno de sus habitantes. Sea “recuperación” de la cultura ciudadana o simplemente inauguración de la misma, no podemos seguir como vamos. Tampoco podemos esperar a que sean los demás los que cambien. Todos estamos inmersos en esto, implicados, culpables o inocentes pero participes de la sociedad; somos piezas de un engranaje que no está funcionando bien.

La única posibilidad de cambio es si cada uno de los habitantes asume una posición de responsabilidad y de actuación al respecto. No es solo una labor de los gobiernos, es un deber de nosotros mismos; desde nuestro campo de actuación. La verdadera cultura ciudadana nace en el hogar y se afianza o se pierde entre amigos, compañeros y quienes nos rodean durante las diferentes etapas de la vida. Y en esencia, tampoco es responsabilidad plena de padres, profesores o compañeros. Es decisión y responsabilidad de cada uno de nosotros.

Solo si cada uno de nosotros asume los valores mínimos de convivencia, de tolerancia y de respeto, comenzará a sentirse un mejor entorno. Así cómo nos hemos contaminado de malos hábitos también es posible contagiarnos de buenas maneras. No es tan fácil como suena porque el camino fácil es así, fácil. Se requiere sacrificio, temple,  disciplina, trabajo y principalmente, la conciencia y el sentido de responsabilidad en el asunto. No es labor de los demás generar el cambio, es función y obligación de cada uno de nosotros; desde cualquiera de las esferas desde las cuales actuemos, como hijos, como padres, como ciudadanos, como educadores, como gobernantes y como trabajadores que hacemos parte del engranaje que pide cambio a gritos.

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