El Fútbol Agropecuario, el gol de la ignorancia

El Fútbol Agropecuario, el gol de la ignorancia

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Desde pequeño nunca entendí por qué diablos todos a mi alrededor hablaban siempre de fútbol: mis primos en la casa de mi abuela, mis amigos en el colegio y hasta los vigilantes en mi conjunto residencial siempre se reñían verbalmente por hacer sentir menos al equipo contrario. Por mi parte me gustaba correr y destilar manteca, dar pata y meterle goles a los equipos de los diferentes cursos de mi colegio, pero nunca estaba enterado sobre la cantidad de estrellas de los clubes, los nombres de jugadores, si era zurdo o diestro o si había salido del barrio más humilde de Cúcuta o del norte del Valle; únicamente sabía que toda mi familia  había sido hincha del celebérrimo Deportivo Cali y que por ende yo también lo era, es decir que por lo menos en Colombia el fútbol es una cuestión de genética, o sea, una enfermedad hereditaria. El fútbol agropecuario.

Creo que el fútbol es un gusto adquirido y creo igualmente que uno debe ser hincha del equipo del municipio donde nació o al que su familia le ha venido siendo fiel en los últimos 50 años. Tengo presente que Colombia ha sido potencia mundial en la exportación de café, drogas y jugadores como el Pibe Valderrama, el tren Valencia y el borrachote de Asprilla en los años 90. En la actualidad Falcao está sacando la cara por el país, su bello rostro aparece en todo lado, desde las etiquetas de Gatorade hasta el papel higiénico marca doña Tulia; igualmente es incierto el futuro del fútbol colombiano y más aún su penetración exitosa en los anales del mundial 2014.

No me molesta el vecino con la trompetica, no me molesta el personaje con la camiseta futbolística con olor a partido en un rumbeadero, no me molestan las caravanas de carros pitando cuando gana Colombia o algún club nacional, pero siento un vidrio en la media cuando veo en Facebook al valluno de Cali, Palmira, Cerrito, Tuluá, Buga o hasta Buenaventura diciendo: “Hala Madrid” o “Barça oh Barça”; es entendible que nuestro fútbol apesta a niveles industriales, como cuando uno va para el aeropuerto y pasa por Yumbo es totalmente aceptable apreciar equipos europeos y saber sobre la liga inglesa, española o italiana ya que por allá es que se inventaron esa joda, pero, ¿alguna vez usted ha escuchado a un inglés o a un españolete diciendo “que viva deportivo Cúcuta”, “te amo mechita” u “ole ole ole, te quiero Cali, te quiero Cali”? Porque resulta que el tema de identidad y patriotismo en nuestro país a diferencia de muchos otros, va más allá de pretender ser fan de un equipo de fútbol internacionalmente conocido, más allá de que la clase alta de Colombia pretenda ser europea, la clase media gringos y la clase baja mexicanos (según resultados de investigaciones en psicología validados por la universidad Nacional de Colombia).

Más allá de NO empaparnos de los temas políticos y gubernamentales y que por esa misma razón el gobierno nos tiene como papa en tenedor con temas como la salud, la educación y el agro (me incluyo en el sancocho de la ignorancia política) y muchísimo más allá de ser fanáticos de nuestro equipo nacional sólo en el momento que nos regala triunfos, porque resulta que aún, después de más de diez años es memorable el 5-0 que le metimos a Argentina, pero cuando en medio de un partido vamos perdiendo, los malditos jornaleros emprenden la ruin huida del estadio, dejando sumido a su equipo en lo más profundo del receptáculo de los excrementos. Es por esto que cuando veo a un muisca, a un calima, a un zambo o a cualquiera de las 7 razas como yo con una camiseta de fútbol de un equipo europeo, simplemente me doy cuenta que no tenemos ni idea de la historia de nuestras familias y muchísimo menos de nuestro país y como dicen por ahí: “Quién olvida su historia está condenado a repetirla”. Se supone que lo dice Napoleón Bonaparte.

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