De fantasías y otros cuentos chinos sobre Univalle.

De fantasías y otros cuentos chinos sobre Univalle.

El día del “tropel” ocurrido en la Universidad del Valle, que dejo un agente del Esmad muerto, cerca de ahí  un airado ciudadano decía: “Deberían acabar con ese antro de mariguaneros, terroristas %=¡#!&…”, y demás improperios que llegaron a mis oídos como una tormenta. Retroalimentando el comentario, una señora que estaba a su lado, agregó una serie de palabras no menos ofensivas, unidas a datos curiosos, que al final me dejaron en un estado onomatopéyico estilo Condorito.

Como estudiante de la Universidad del Valle, sé lo que significa ser visto como una mezcla de figura míticopunksubversiva que habita tras sus puertas, en un mundo fantástico con un lago que -según el imaginario colectivo-,  alberga criaturas pintorescas, como patos esquizofrénicos y una babilla que sale de vez en cuando a comerse a algún ladroncito que haya sido lanzado como sacrificio.

También con un “aeropuerto” sin aviones; solo con promesas de viajes a mundos delirantes que sólo  una mente “inspirada” puede imaginar. Un lugar casi mágico donde sus estudiantes solo consumen hierba, lanzan ladrones al lago y preparan batallas épicas estilo “300” o “Corazón valiente”, -pero sin ninguna consigna-, para molestar a los buenos ciudadanos de Cali.

No es cierto que todos los que ahí estudiamos hagamos parte de algún frente subversivo,  celebremos los tropeles, los daños a la propiedad pública o privada, o la muerte de policías. Como tampoco lo es que todos seamos viajeros asiduos al aeropuerto, ni que inmolar personas en el lago sea un pasatiempo.

Sin pretender desmentir o suavizar algunos hechos que hacen parte de la realidad, quiero expresar desde mi experiencia y la cotidianidad compartida como estudiante con amigos y compañeros dentro de la universidad que,  más allá de eventos de este tipo,  es posible ver detrás de las arengas, grafitis o consignas ideológicas,  la persistencia y la dedicación de muchos estudiantes que batallan contra todo tipo de obstáculos para destacarse por hechos positivos.

Aquellas personas que realmente vamos a estudiar a la universidad –y que somos más-, les aseguro que muy difícilmente encontramos tiempo y energías para planear como atrapar buses de servicio público, fabricar “papas” o permanecer conectado a la pista de vuelo del tan cacareado aeropuerto.

Los miembros de la universidad pública, han demostrado a la sociedad que pueden reclamarse derechos o pronunciarse en desacuerdo con alguna medida de forma creativa a través de manifestaciones artísticas estilo underground, donde han dado muestras de respeto y tolerancia. De la misma manera, en la construcción de argumentos para sustentar puntos de vistas sobre temas de interés nacional como la Reforma a la ley 30.

Es de mentes sesgadas solo ver la superficie o creer ciegamente en los cuentos chinos que circulan de un lado a otro, emitiendo señalamientos por el accionar de grupos o personal no identificado, sin relación con la institución. Debemos tener claro que nunca falta el “pato” o “el grupo”, que quiera tirarse en dos segundos lo que a otros les costó años de esfuerzo y dedicación. Y eso no pasa solo en Univalle o en las universidades públicas del resto del país.

La invitación final, es a mirarnos en un espejo universal donde podamos reflejarnos como nación, ciudadanos e individuos dentro de una comunidad, antes de lanzar la primera piedra.

 

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