Debajo de una piel, un ser humano

Debajo de una piel, un ser humano

Escritor: Astrid Carolina Ramírez

Todos compartimos un mismo espacio, nos cobijan las mismas leyes y poseemos los mismos derechos y deberes por el simple hecho de ser seres humanos; no importa la raza, la religión, el estrato social o la inclinación sexual: todos somos iguales. Palabras, palabras, palabras, como diría la canción, letras escritas en un papel, o frases que permanecen en el olvido y la negación de la mente de las personas, sin salir para ser aplicadas en la sociedad.

La pobreza, la raza o la religión, son aspectos de la vida humana que han podido entrar en los cánones de lo normal; aunque no dejan de existir casos sorprendentes en los que se discrimina por pertenecer a alguno de estos, dejando a la luz la intolerancia de las personas que no soportan encontrarse con lo diferente, con lo que está en otro nivel.

En este caso no incluí la inclinación sexual, porque es un tema al que le quiero dedicar más renglones. No es tan fácil aceptar que una persona no se sienta ni hombre ni mujer, no es imposible; pero cuesta entenderlo porque la mayoría de los seres humanos tenemos el cerebro programado y la personalidad fundamentada a partir de la cultura a la que se pertenece; costumbres, ritos, formas de pensar, raíces familiares, en fin… una cantidad de factores que influyen en la construcción de nuestras vidas.

¿A partir de qué podemos considerar lo “bueno”, “malo”, “aceptable”, “bello”, “feo”?. O si pensamos en cosas que podrían para muchos ser más sencillas, ¿qué es ser una mujer?, o ¿Qué es ser un hombre?, qué los diferencia…fácil ¿no?, pues cualquiera podría responder que uno tiene vagina y otro tiene un pene, distintas formas de vestirse, su voz y su cuerpo en general es diferente, una respuesta muy vaga que reduce a un ser tan complejo en lo superficial. Todo ser humano es más que un cuerpo, un físico, un útero, ovarios, testículos o espermatozoides.

Ser mujer o ser hombre se define a partir de un pensamiento, del sentir, de cómo yo me autopercibo, “Yo soy lo que creo que soy y mi identidad es lo que yo afirmo que es”, dice una trans colombiana. Este tema no es nuevo, y de él muchos han hablado, pero aún resulta ser un tabú; hay quienes lo asocian con problemas psiquiátricos, conexiones con el demonio, burla y espectáculo, pero dejan a un lado lo que es en esencia la persona.

En este país se soporta una guerra armada, la violencia hacia la mujer, la violación a niños y niñas, pero se le niega la posibilidad a muchas personas (lesbianas, trans, gays, homosexuales, bisexuales e Intersex) se condena a la continua invisibilidad, humillación y prejuicios sociales, que acaban robándoles los derechos a muchas personas por no pertenecer a una repetición y clonación social.

Lo cierto es que para escribir sobre este tema no se necesita ser trans o lesbiana. Simplemente es entender que tanto hombres como mujeres u otro género del que se quiera o se crea pertenecer, todos somos seres humanos, sin importar nuestras inclinaciones o gustos sexuales.

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